Mira ¡que vulgar ejemplo!
Que hasta los niños de leche
Faetonizan é icarizan
La vez que se les ofrece.
Y en fin, no hallo que decirte,
Sino solo que ofrecerte,
Adorando tus favores,
Las gracias de tus mercedes.
De ellos me conozco indigna;
Mas eres sol y amaneces
Por beneficio comun
Para todos igualmente.
Por ellos, señora mia,
Postrada beso mil veces
La tierra que pisas, y
Los pies, que no sé si tienes.
VII
Desahogos del corazon.
A fuera, á fuera, ansias mias,
No el respeto os embarace,
Que es lisonja de la pena
Perder el miedo á los males.
Salga el dolor á las voces,
Si quiere mostrar lo grande,
Y acredite lo insufrible
Con no poder ocultarse.
Salgan signos á la boca
De lo que el corazon arde,
Que nadie creerá el incendio
Si el humo no da señales.