Si el desamor ó el enojo
Satisfacciones admite,
Y si talvez los rigores
De urbanidades se visten,
Escucha, Fabio, mis males,
Cuyo dolor, si se mide,
Aun el mismo padecerlo
No lo sabrá hacer creible;
Mira mi altivez postrada,
Porque son incompatibles
Un pundonor que se ostente,
Con un amor que se humille;
Escucha de mis afectos
Las tiernas voces humildes
Que en enfáticas razones
Dicen mas de lo que dicen;
Que si despues de escucharme
Rigor en tu pecho asiste,
Informaciones de bronce
Te acrediten de insensible.
No amarte tuve propuesto;
Mas proponer ¿de qué sirve
Si á persuacion de Sirenas
No hay propósitos de Ulíses?
Pues es, aunque se prevenga,
En las amorosas lides
El griego ménos prudente,
Y mas engañosa Circe.
Ni ¿qué importa que en un pecho
Donde la pasion reside
Se resista la razon,
Si la voluntad se rinde?
En fin, me rendí ¿Qué mucho
Si mis errores conciben
La esclavitud como gloria,
Y como pension lo libre?
Aun en mitad de mi enojo
Estuvo mi amor tan firme,
Que, á pesar de mis alientos,
Aunque no quise, te quise.