¡Ai mi bien! ¡aí prenda mia!
¡Dulce fin de mis deseos!
¿Porqué me llevas el alma
Dejándome el sentimiento?
Mira que es contradiccion
Que no acabe en un sujeto
Tanta muerte en una vida,
Tanto dolor en un muerto.
Mas ya que es preciso ¡aí triste!
En mi infelice suceso,
Ni vivir con la esperanza,
Ni morir con el tormento,
Dame algun consuelo tú
En en dolor que padezco,
Y quien en el suyo muere,
Viva siquiera en tu pecho.
No te olvides que te adoro,
Y sírvante de recuerdo
Las finezas que me debes,
Si no las prendas que tengo.
Acuérdate que mi amor
Haciendo gala del riesgo,
Solo por atropellarlo
Se alegraba de tenerlo.
Y si mi amor no es bastante,
El tuyo mismo te acuerdo,
Que no es poco empeño haber
Empezado ya en empeño.
Acuérdate, señor mio,
De tus nobles juramentos,
Y lo que juró tu boca
No lo desmientan tus hechos;
Y perdona si en temer
Mi agravio, mi bien, te ofendo,
Que no es dolor el dolor
Que se contiene en lo atento.
Y á Dios, que con el ahogo
Que me embarga los alientos,
Ni sé ya lo que te digo.
Ni lo que te escribo leo.