En amenidad inútil,
¿Qué importa al florido campo,
Si no halla fruto el otoño,
Que ostente flores el mayo?
¿De qué le sirve al ingenio
El producir muchos partos,
Si á la multitud se sigue
El malogro de abortarlos?
Y á esta desdicha, por fuerza,
Ha de seguirse el fracaso
De quedar el que produce,
Si no muerto, lastimado.
El ingenio es como el fuego,
Que con la materia ingrato
Tanto la consume mas
Cuanto se ostenta mas claro.
Es de su propio señor
Tan revelado vasallo,
Que convierte en sus ofensas
Las armas de su resguardo.
Este pésimo ejercicio,
Este duro afan pesado,
A los hijos de los hombres
Dios dió para ejercitarlos.
¿Qué loca ambicion nos lleva
De nosotros olvidados?
Si es para vivir tan poco,
¿De qué sirve saber tanto?
¡Oh! si como hay de saber
Hubiera algun seminario
O escuela donde á ignorar
Se enseñaran los trabajos!
¡Qué felizmente viviera
El que flojamente cauto
Burlara las amenazas
Del influjo de los astros!
Aprendamos á ignorar,
Pensamiento, pues hallamos
Que cuanto añado al discurso,
Tanto le usurpo á los años.