El discurso es un acero
Que sirve por ambos cabos:
Para dar muerte la punta,
El pomo para resguardo.

Si vos, sabiendo el peligro,
Quereis por la punta usarlo,
¿Qué culpa tiene el acero
Del mal uso de la mano?

No es saber, saber formar
Discursos sutiles, vanos,
Que el saber consiste solo
En elegir lo mas sano.

Especular las desdichas
Y examinar los presagios,
Solo sirve de que el mal
Crezca con anticiparlo.

En los trabajos futuros
La atencion sutilizando,
Mas formidable que el riesgo
Suele fingir el amago.

¡Qué feliz es la ignorancia
Del que indoctamente sabio
Halla de lo que padece
En lo que ignora sagrado!

También es vicio el saber;
Que si no se va atajando,
Cuando ménos se conoce
Es mas nocivo el estrago;

Y si el vuelo no le abaten,
En sutilezas cebado,
Por cuidar de lo curioso
Olvida lo necesario.

Si culta mano no impide
Crecer al árbol copada,
Quita la sustancia al fruto
La locura de los ramos.

Si andar á nave ligera
No estorba lastre pesado,
El vuelo sirve á que sea
El precipicio mas alto.