¡Oh cuántas encandilada
En tanto golfo de rayos,
O hubiera muerto Faetonte,
O Narciso, peligrado,
A no tener en mí misma
Remedio tan á la mano,
Como el conocerme, siendo
Lo que los pies para el pavo!
Vergüenza me ocasionais
Con haberme celebrado,
Porque sacan vuestras luces
Mis faltas á lo mas claro.
Vosotros me concebísteis
A vuestro modo, y no estraño
Lo grande, que esos conceptos
Por fuerza han de ser milagros.
La imágen de vuestra idea
Es la que habeis alabado,
Y siendo vuestra es bien digna
De vuestros mismos aplausos.
¡Celebrad ese de vuestra
Propia aprension simulacro,
Para que en vosotros mismos
Se vuelva á quedar el lauro!
...........
XXII.
(FRAGMENTOS.)