Hé aquí el estado:

Desde el 1.º de Setiembre de 1872
á fin de Abril de 1873
Desde 1.º de Mayo del mismo hasta
fin de Diciembre
SERVICIOS
HUMANITARIOS
Socorros á indigentes120
Heridos y enfermos recogidos520
Incendios á que se ha asistido1820
Prendas extraviadas y recogidas.43
AUXILIOS.A particulares246
A la autoridad6966
DETENCIONES.Infractores de bandos58487
Por indocumentados8643
Por juegos prohibidos34635
Por llevar armas sin licencia1914
Por armas prohibidas338
Por embriaguez749
Por riña7460
Sospechosos2714
APREHENSIONES.Por resistencia á fuerza armada91
Por incendiarios371
Prófugos de sus destinos3714
DESERTORESDe presidio66
De marina35
Del ejército115
Por robo5014
Por heridas2323
Por homicidio11
TOTAL1504460

Por manera que la Guardia civil de Puerto-Rico (apartada en 1873 de las complicaciones y ardores de la política palpitante y modelo de disciplina y de celo) no ha tenido que prestar tantos servicios (casi tres cuartas partes ménos) en el segundo período como en el primero, siendo muy de notar que las mayores diferencias que en el cuadro ó Estado aparecen se refieran á infracciones de bandos y juegos prohibidos; indicio seguro de que la moralidad del país aumentaba al compás que crecian las libertades públicas y se aseguraban los derechos del ciudadano.

Por último—el digno Gobernador Superior de la isla, cuyo nombre figurará en la historia de nuestra colonizacion al lado de los del Marqués de la Sonora y los Intendentes Ramirez y Pinillos—el honrado general D. Rafael Primo de Rivera, al despedirse de los puerto-riqueños el 2 de Febrero de 1874, escribia:

«Al favorecerme y honrarme el Gobierno de la República con el Gobierno superior civil de esta noble y leal provincia, me confirió la más cristiana y elevada mision que pudiera ambicionar mi alma, la de romper las ominosas cadenas del esclavo, y la cumplí en breves dias.

Felicito con todo mi corazon á los libertos, que con ejemplar cordura y honradez han correspondido á la justicia que les hiciera nuestra madre España por medio de las Córtes. Al despedirme, les encargo, como otras muchas veces lo he hecho, que continúen por la senda honrada del trabajo y que hagan ahorros, porque la vejez enerva las fuerzas, y así serán acreedores á mayor consideracion social.

Otra recomendacion me hizo tambien el Gobierno, casi de tan inmenso valor como la anterior: la de asimilar esta Antilla á la Península por medio de iguales derechos, como consecuencia precisa y legítima de iguales deberes. Tengo conciencia de haber cumplido con lealtad las órdenes superiores: vuestra ejemplar sensatez ha conquistado al fin las libertades políticas que anhelábais y de que usais con singular moderacion.

La paz pública, el órden, que tanto amais, han permanecido inalterables durante todo el período de mi gobierno. Reconocido estoy á ese nuevo beneficio que de vosotros he recibido.»

Y continuaba luego: