EDIPO, ANTÍGONA

Edipo

Hija mía, ¿ha partido ese extranjero?

Antígona

Ha partido; estoy sola a la sazón con vos, padre mío, y podéis hablar en libertad.

Edipo

Venerables Euménides, ya que mis pasos se han detenido en vuestra morada en cuanto he llegado a esta comarca, no hagáis traición a mis deseos y a los de Apolo que, anunciándome todos los males que he sufrido, me dijo que tras largo tiempo yo hallaría su término al llegar a esta tierra; que mi desgraciada vida acabaría en el momento en que yo llegase a la morada de las respetables diosas; que, proporcionando gran ventaja a los que me recibieran, atraería una gran desgracia sobre quienes me hubieran echado, y que rayos, relámpagos, temblores de tierra, me anunciarían el cumplimiento de su oráculo. Tengo motivos para creer que un augurio favorable de vuestra parte me ha conducido a este bosque; nunca, sin ello, os hubiese yo encontrado aquí las primeras, a vosotras que no queréis vino en vuestros sacrificios, yo que no puedo tenerlo para subsistencia; nunca me hubiera sentado en este asiento tosco y respetable. No desmintáis, oh diosas, las promesas de Febo; y si, entregado a los males más crueles que ha padecido nunca hombre alguno, creéis que he sufrido ya bastante, oh favorables hijas de las antiguas tinieblas, y vos la más ilustre de las ciudades, llamada la ciudad de Palas, Atenas; tened piedad de este miserable fantasma de Edipo, porque su cuerpo no es nada de lo que fué un día.

Antígona

Guardad silencio, padre mío; veo algunos ancianos dirigirse aquí, como para descubrir donde estáis.

Edipo