Edipo
Y vuestros hermanos, ¿dónde están, ellos a quien la juventud habilita para los trabajos?
Ismena
Donde quiera que estén, están en una cruel situación.
Edipo
¡Cómo recuerdan sus costumbres y su carácter los antiguos usos de Egipto, donde los hombres, retirados en el interior de sus casas, manejaban el huso, mientras sus mujeres iban a buscar fuera cuanto era necesario para la nutrición de sus esposos! Así, hijas mías, vuestros hermanos, en lugar de echar sobre sus hombros, como debían, los cuidados que pesan sobre vosotras, permanecen tranquilamente guardando su casa, al modo de mujeres, mientras una y otra os ocupáis por ellos en el alivio de mis males. Una, desde el momento que salió de la infancia, y que adquirió la fuerza de la juventud, fugitiva y desgraciada conmigo, ha sido el guía de mi vejez; con frecuencia en los bosques más salvajes, errante, sin aliento y casi sin vestidos, expuesta a los ardores del sol, a las inclemencias del aire, doliente, extenuada, prefiere a los festines que hubiera tenido en su hogar la felicidad de procurar algún sustento a su padre. Vos, hija mía (a Ismena), vos habéis ya venido, a hurto de los tebanos, a anunciar a vuestro padre lo dicho por los oráculos sobre la suerte de este cuerpo infeliz. Me habéis fielmente acompañado al ser echado de mi patria, y ahora, Ismena, ¿qué venís a decirme, qué designio os ha sacado de vuestra morada? Porque, harto lo sospecho, no habéis venido sin motivo y sin alguna terrible noticia que darme.
Ismena
No os diré, padre mío, cuánto he sufrido buscando el lugar donde podíais haberos retirado; no quiero, con un relato aflictivo de mis trabajos, sufrir de nuevo su amargura; vengo a informaros de los males que amenazan hoy a vuestros dos desgraciados hijos. Parecían al principio no tener otro deseo que abandonar el trono a Creón, y no mancillar su patria, considerando el estigma de su raza y los males horribles caídos sobre vuestra casa; ahora, impelidos por los dioses y por un genio perverso, por una ambición funesta, esos infortunados se disputan el trono. El más joven ha despojado de él a Polinicio, que tenía la ventaja de la edad; le ha echado de su patria. Polinicio, según es público, ha elegido a Argos para retiro; allí forma una nueva alianza; allí reúne un ejército que interesa en su causa, sea para castigar a la ciudad de Cadmo, ya para elevar hasta el Cielo la gloria de Argos. No son amenazas prodigadas en vano, padre mío, sino preparativos temibles. No sé cuándo los dioses se apiadarán de vuestras desgracias.
Edipo
¿Cómo? ¿Tenéis ya alguna esperanza de que los dioses se dignen parar mientes en mí y ocuparse de mi dicha?