ESCENA II

El Coro, EDIPO, ANTÍGONA

El Coro

Extranjeros, este lugar célebre adonde habéis llegado, Colona, es el asilo más tranquilo y más seguro de esta tierra, famosa por sus corceles. Aquí gustan los ruiseñores de hacer oir sus cantos quejumbrosos, en la sombra obscura de la hiedra, en el seno de los vallezuelos verdeantes o en los bosques sagrados y fértiles, inaccesibles a los mortales, impenetrables a la luz y respetados del viento y del frío. Aquí gusta Dionisos de pasearse sin cesar, rodeado de las ninfas que le criaron. Aquí, bajo el rocío del cielo, se ve florecer todos los días el narciso de bellos racimos, útil conforme al uso antiguo, para coronar a las dos grandes diosas, y el azafrán dorado. Las fuentes fecundas del Céfiro derraman por las praderas aguas nunca dormidas; siempre, pródigas de vida, sus linfas puras se extienden por el fértil suelo de los campos. El coro de las musas y Afrodita, en su carro de oro, se complacen en recorrer estos parajes. Pero lo que las comarcas de Asia y la gran isla de Pélopos, habitada por los dorios, no deben haber poseído nunca es este árbol sagrado, que nace de sí mismo y es el terror de las lanzas enemigas. En esta comarca más que en cualquiera otra, florece este árbol precioso, el olivo, que se distingue por sus hojas verde pálido y alimenta a los niños. Ningún hombre, esté en la juventud o en el declinar de su vida, sería bastante imprudente para osar arrancarlo por su mano: hasta tal punto Zeus, que preside el olivo sagrado, vela sin cesar, con Palas, por su conservación.

Pero en honor de esta metrópoli aún nos queda un elogio que hacer. Nos referimos a los presentes que recibe de un gran dios, a los presentes que la hacen gloriosa y hábil para criar y conducir corceles y para navegar. ¡Hijo de Cronos, soberano Poseidón, tú la has elevado a tal grado de gloria, tú hiciste conocer en esta comarca antes que nadie el freno que doma a los corceles; por tus lecciones el bajel, a impulsos de los remos, se lanza rápido y huye ante las nereidas hectápodas!


ACTO TERCERO

ESCENA PRIMERA