Teseo
Marchar ante mí por ese camino y conducirme al sitio donde tenéis ocultas a las hijas que consideramos como nuestras. Si los raptores las arrastran en su fuga, no hay que inquietarse mucho por ello, se les seguirá, y no tendrán motivo para dar gracias al cielo de haber escapado sanos y salvos de esta tierra. Conducidnos, pues, y pensad que habéis llegado a ser nuestra presa persiguiendo a la vuestra. La fortuna os ha cogido en la misma trampa que habíais tendido; pues la astucia es un mal medio para adquirir y para conservar. Harto se adivina en vuestra audaz actitud que no habéis llegado a la ligera ni sin apercibiros a hacernos tal ultraje. Os habéis confiado en alguna estratagema al poner mano en esta empresa; pero a mí me toca preverla y no permitir que una ciudad entera ceda en poder a un solo hombre. ¿Me habéis entendido? ¿O pensáis que las palabras que oís y las que oíais cuando concebíais vuestros planes son vanas y frívolas?
Creón
Mientras yo esté aquí no tendré nada que oponer a cuanto me digáis; pero de vuelta a mi patria, sabré lo que he de hacer.
Teseo
Amenazad, pero echad a andar, y vos, Edipo, permaneced tranquilo aquí, y creed que, si no muero, no tendré punto de reposo hasta que os haya devuelto a vuestras hijas.
(Salen. Edipo queda solo en escena con el Coro.)
Edipo
¡Quiera el cielo, oh Teseo, que recojáis el fruto de los cuidados generosos y benéficos que os tomáis por nosotros!