Edipo
¡Hijas queridas!
Antígona
¿Las hay que no sean caras al corazón de un padre?
Edipo
¡Apoyos de mi vejez!
Antígona
¡Infortunados sostenes de un infortunado!
Edipo
Tengo en mis brazos lo que me es más querido. Puesto que mis dos hijas están junto a mí, no moriré del todo desgraciado. Hijas mías, apoyaos sobre mi pecho, apretad vuestro cuerpo contra el de quien os dio el ser; haced olvidar a mi corazón desdichado mi soledad y mis fatigas. Decidme cuanto ha sucedido, y decídmelo en pocas palabras, como cuadra a vuestra edad.