Antígona

He aquí a quien nos ha salvado; eso es cuanto os importa saber, padre mío, y estas pocas palabras bastan para vos y para mí.

Edipo (A Teseo.)

No os asombre, oh príncipe, que cuando mis hijas me son devueltas contra toda esperanza, me abandone al placer de abrazarlas. Harto sé que a vos, a vos sólo, os debo tan grande beneficio; sólo vos entre todos los mortales me habéis conservado a mis hijas. Que los dioses, como deseo, os lo premien, a vos y a esta comarca, ya que sólo aquí, sólo entre vosotros, he hallado la piedad, la justicia y la verdad. Teniéndolo en cuenta, ved con qué palabras quiero responder a vuestros beneficios, pues lo que tengo, lo tengo por vos y por ningún otro de entre los humanos. ¡Dadme, oh rey, la mano, que pueda yo tocarla, que pueda, si me es permitido, besar vuestra frente...! Pero ¿qué digo? ¿Cómo, ¡infeliz de mí!, me atrevería a tocar a un mortal sin mancilla alguna? No os tocaré, no permitiré siquiera que me toquéis; sólo a los que han sufrido semejantes desgracias les corresponde compartir su peso. Pero vos sed dichoso y conservad para mí en lo futuro la misma benevolencia equitativa de que me habéis hoy dado pruebas.

Teseo

En vuestro gozo de recibir a vuestras hijas, no me hubiera sorprendido que hubierais dado aún más extensión a vuestras expansiones con ellas, y aunque hubierais preferido en ese momento conversar con ellas a hacerlo conmigo, no hubiera yo tenido por qué quejarme. Más por las acciones que por las palabras, procuro derramar algún resplandor sobre mi vida; y doy prueba de ello, pues de cuanto os he jurado, nada he dejado de cumpliros, anciano. En efecto, os devuelvo a vuestras hijas, a quienes he salvado y librado de los peligros que las amenazaban. No encareceré a vuestros ojos el desarrollo del combate: lo sabréis por boca de vuestras mismas hijas. Por de pronto, escuchad lo que acabo de oir al llegar aquí. La noticia no es muy importante, pero es natural que os asombre; no hay acción indiferente y que en absoluto no merezca que nos preocupemos de ella.

Edipo

Hijo de Egeo, ¿qué noticia es esa? Dignaos dármela; ignoro lo que podéis haber sabido.

Teseo

Dicen que un hombre, que no es vuestro conciudadano, sino vuestro pariente, ha ido a prosternarse y sentarse al pie del altar de Poseidón, del altar donde yo sacrificaba cuando he acudido.