Polinicio
Eso quiere, en efecto; pero eso no es para nosotros una razón que nos mueva a ceder.
Antígona
¡Infeliz de mí!... ¿Quién después de oir sus predicciones osará seguiros?
Polinicio
Me guardaré bien de anunciar lo que hay en ellas de funesto. Un buen general debe decir lo que le favorece, no lo que le perjudica.
Antígona
¿Es eso lo que habéis resuelto?
Polinicio
No me retengáis más, es necesario que yo siga mi camino, aunque mi padre y sus furias lo hayan tornado tan temible y tan funesto para mí. Que Zeus, hermanas mías, os abra otro, si me concedéis, cuando muera, los cuidados que os he pedido, pues no podréis ya dedicármelos en vida. Dejadme libre: adiós. Cuando volváis a verme no gozaré ya la luz de los cielos.