Ha aprendido el arte de la palabra y el conocimiento de los vientos y el poder de las leyes sobre las ciudades; ha sabido resguardar su morada de las inclemencias del frío y de la humedad. Lo ha sondeado todo con su experiencia y encuentra recursos para todos los acaecimientos de la vida; conoce el arte de librarse de las dolencias más crueles; la muerte es el único mal de que no puede preservarse.
Los recursos de su industria no responden siempre a sus esperanzas; pues si por éstas llega al bien, también es conducido al mal. Sólo es honrado en su patria aquel que sabe respetar las leyes de su país y la justicia de los dioses. El que lleva su audacia hasta desafiarles deja de ser ciudadano. No tenga yo hogar ni pensamiento comunes con él. Pero... ¿qué prodigio me confunde? ¿Cómo podré negarles crédito a mis ojos y no reconocer a Antígona? ¡Desgraciada hija de un padre infortunado!, ¿sois vos quien ha desacatado las órdenes del rey; quien ha sido sorprendida en la comisión de esa imprudencia; quien es conducida hacia aquí?
ACTO SEGUNDO
ESCENA PRIMERA
ANTÍGONA, El GUARDA, el Coro
El guarda (Llevando a Antígona.)
¡Sí, vedla, la que ha cometido el crimen! Inhumaba a Polinicio; la hemos detenido. Pero, ¿dónde se encuentra Creón?