Cerca de las rocas Cianeas, no lejos del Bósforo, que une los dos mares hacia las orillas del Salmidero, el dios Ares, desde el fondo de su templo, elevado por los tracios, vio el deplorable infortunio de los dos hijos de Fineo, cuando aquella mujer cruel, pinchando sus ojos con manos sangrientas armadas de husos punzantes los arrancó de aquellas cuencas que clamaban venganza. Desgraciados y devorados por la pena, lloraban la funesta suerte de su madre y su funesto himeneo en que fueron engendrados. Y sin embargo de que su linaje se remontaba a los antiguos Erectridas, y como hija de Boreas y descendiente de dioses, había crecido en lejanas grutas entre las tempestades que su padre conmueve, e igualaba en velocidad el correr de los caballos sin resbalar sobre la helada superficie, el poder de las ancianas Parcas llegó también hasta ella, hija.
ACTO CUARTO
ESCENA PRIMERA
TIRESIAS, CREÓN, el Coro
Tiresias
Jefes de los tebanos, vengo aquí guiado por otros ojos que los míos, pues un ciego no puede andar sino con su conductor.
Creón