Ved al rey, que avanza llevando en sus manos, si tal puede decirse, un monumento, no de las faltas ajenas, sino de las suyas propias.
ESCENA V
El Coro, CREÓN
Creón
¡Oh por demás crueles y por demás funestos extravíos de mi espíritu culpable! ¡Ved, tebanos, entre los de la misma sangre, el asesino y la víctima! ¡Oh deplorable prisión, oh hijo mío, hijo mío! En la primavera de tu vida has perecido de una muerte prematura, no por tu imprudencia, sino por la mía.
El Coro
¡La justicia se ha mostrado bien tarde a vuestros ojos!
Creón
¡La conozco al fin por mis desgracias! Armado de una maza terrible, un dios ha golpeado mi cabeza, me ha precipitado en abismos espantosos, y de un puntapié ha derribado el edificio de mi dicha. ¡Cuántos, cuántos tormentos reservados a los mortales!