¡Desgraciado! Vienes a hacer morir de nuevo a un muerto.
Creón
¿Qué dices? ¿Qué acontecimientos vienes a noticiarme? ¡La muerte de mi mujer después de la de mi hijo!
El Esclavo
Podéis juzgar por vuestros ojos. La reina no había aún llegado al interior del palacio.
Creón
¡He ahí un nuevo objeto de dolor! ¿A qué destino, oh dioses, estoy llamado aún? ¡Desgraciado! Tengo en mis brazos a mi hijo, que acaba de expirar; tengo ante mis ojos el cuerpo ensangrentado de mi esposa. ¡Madre infortunada, hijo mío!
El Esclavo
Ha comenzado por deplorar la muerte ilustre y prematura de su primer hijo y el destino de Hemón; luego ha prorrumpido en imprecaciones contra vos, a quien consideraba como el asesino de su hijo, e hiriéndose con un hierro agudo, ha caído a los pies del altar, cerrando los ojos a la luz.
Creón