Edipo

¿El infortunado, por lo visto, ha sucumbido a una enfermedad?

El Mensajero

Había vivido largos años.

Edipo

¿Quién podría, señora, en adelante, recurrir al antro profético de Delfos, al vano lenguaje de las aves, a esos oráculos que me anunciaban que debía matar a mi padre? Muere, desciende a la tumba; y yo, yo estoy aquí, no he atentado contra su vida, a menos que el dolor de haberme perdido no haya anticipado su muerte; pues sólo de esta manera puedo ser su asesino. Así, pues, Polibio, con todos sus frívolos oráculos, yace ahora en la morada de los muertos.

Yocasta

¿No os lo había yo dicho?

Edipo

Me lo habéis dicho, pero mi corazón no escuchaba sino su temor.