En tahitiano se aplicó el nombre de rau, mucho, á la cifra 100: fué sin duda el mayor número que pudieron ó tuvieron necesidad de expresar. En Samoa la misma voz, cambiando la r en l, se-lan, un mucho, se aplicó asimismo á igual número. En malayo ciento se llama saratus, voz que, más ó menos modificada hallamos en malgache, zatu; en javanés-n~goko, satus; en ibanag gatut; bicol y bisaya, gatos y en ilocano gasut. ¿Provienen estas expresiones de la raiz tahitiana rau? Es posible y probable que en un principio esta voz representada por el radical malayo ratus, careciera de r, en cuyo caso no vendría de rau, que acabamos de decir, sino de atus ó atos. Así lo vemos efectivamente en javanés kromo y en la lengua de Bali; otras veces en lugar de principiar con r lo encontramos con g (ibanag-bicol, bisaya é ilocano) ó con s ó z (javanés-n~goko y malgache). J. Rigg, explica en su diccionario sundanés, que atus ó tus es una abreviación de tutus, nombre de una cuerda de bambú que los sondaneses usan para contar y sobre la cual hacen unas marcas: cada decena se indica por un intérvalo y diez de estos intérvalos completan el número ciento y llenan el bambú ó tutus, por lo cual dirían un tutus, satutus, de donde la contracción satus.
La palabra usada en tagalog, daan no proviene evidentemente de ninguna de las que acabamos de examinar. En pampango se usa la voz dalan. Ambas voces significan además en las dos lenguas, camino, paso, pasar, en sentido propio y figurado. Ya hemos dicho que, según los diccionarios antiguos, los pampangos y los tagalog "se servían para contar de unos palillos". No sabemos la forma que tuvieran, pero es probable que fueran varios, puesto que dicen "unos palillos" y siendo así, su número pudo ser de diez. Dado esto, pudiera ser que, del mismo modo que los sundaneses decían un tutus para cada bambú lleno de señales de diez, los tagalos después de contar ciento con sus palillos, como tenían que volver á contar con los mismos, decían sandaan, un pase, es decir: contados una vez, que era decir ciento, puesto que para concluir con su cuenta se llegaba á esta cantidad. En pampango se dice dinalan, es decir, "se pasó".
SANGLIBU, un mil. Para expresar esta cifra han empleado los marquesanos, lo mismo que los sandwichs, la voz mano, mucho, de idéntica significación que las que los tahitianos y samoas, como dijimos antes, aplicaron á ciento. Estos últimos tienen el vocablo afe para expresar mil y los tahitianos han tenido que formar una palabra nueva, tawatimi, compuesta de tawa pronombre demostrativo y de timi, incontable innumerable. Las lenguas malayas emplean una voz de orígen extranjero: ribu, que en tagalog hace libu, proviene según mi maestro el abate Favre del hebreo ribbo, por el intermedio del árabe, aunque es verdad que ribbo en hebreo y ribet en árabe significan diez mil; pero, como pronto veremos, los malayos, al adoptar nombres sanscritos de cifras elevadas, han confundido su verdadero significado y las han consagrado á nombrar números diferentes que en la lengua de donde los tomaron.
LAKSA, diez mil. Esta cantidad tiene nombre propio en muchas lenguas polinesianas. Ya hemos visto que la voz mano, gran número, gran cantidad, se aplicó en marquesano y sandwich á significar mil: en Samoa la emplean para señalar diez mil. En malayo, makasar, sundanes, javanés, dayak, lo mismo que en la mayoría de lenguas filipinas, se dice laksa, voz de orígen sanscrito, cuyo significado en aquella lengua es de cien mil.
No pára aquí la denominación especial para números de una cantidad elevadísima. El tagalog emplea aún la siguiente:
YOTA, SANGYOTA, cien mil: Sang es una forma del numeral uno. En sanscrito ayuta significa solo diez mil, por lo que se ve que, en tagalog, se ha permutado la significación de laksa y ayuta.