II

Isa, uno. En los pueblos primitivos, el primer paso en la numeración se redujo á señalar dos números si se puede decir así: uno y varios, lo que en gramática llamamos singular y plural. Este ha sido el principio de la contabilidad. El término tan general, varios ó muchos, aplicado á todo lo que era más de uno, á medida que fueron creándose términos propios para determinar dos, tres, etc., etc., fué perdiendo la significación de las nuevas cifras y señalando desde aquella á donde había llegado la numeración hasta el infinito. Hoy mismo se ven pueblos en el Africa que cuentan así: uno, dos, tres, muchos; es decir que, en cuatro principia para ellas lo incontable. Otros llegan á cinco, á diez y para mayores números emplean la voz muchos, cuya significación se ha ido retirando, ó con más propiedad, reduciendo á medida de la aparición de nuevos términos de significación más particular: lo mismo al fin, que todas las palabras de sentido muy general cuya significación se precisa más de día en día y se limita á medida de los adelantos de las lenguas.

Acabamos de decir que la primera numeración se redujo á señalar uno y varios: mejor sería decir solo y varios. Efectivamente en sandwich, tahi, que quiere decir uno, significa asimismo solo y el mar. En tahitiano táa significa solo, y por extensión, separado y no casado, soltero: lo mismo en samoa, en que hoy día se dice, tasi, uno; pero se conserva al mismo tiempo la voz sa con las significaciones de, alguno, alguien, uno. En tagalog isa significa también solo: la vocal i es una partícula antepuesta á los sustantivos y adjetivos en muchas lenguas malayo-polinesianas.

En malayo, uno, se expresa por la voz satu que, según, Crawfurd, es una contracción de sa-batu, una piedra, lo mismo que el javanés sidji de sa-bidji, un grano, lo cual me parece viene en apoyo de lo que acabo de decir: la idea de uno expresada por sa, se confirma y como se particulariza haciéndola seguir de una expresión que significa un objeto único que no recuerde más que la cantidad uno. El Abate Favre dice en su diccionario que sa es una contracción de satu como si desconociera la formación de esta palabra, cuya explicación sin embargo da en su gramática malaya, impresa un año después que el diccionario.


DALAWA, dos. Es una palabra compuesta de da, partícula enunciativa, transformación de sa de una forma más antigua, y de lawa.

Se ha observado en muchas lenguas malayo-polynesianas que el nombre de los números va precedido de una letra ó sílaba que los gramáticos llaman partícula enunciativa. En la lengua de Tahiti esta partícula es a, desde el número 1 al 10 inclusive: de 20 á 99 es e, y más adelante vuelve á ser a. En la lengua de Timor Laut la vocal e precede los números de 1 á 10. Entre las lenguas filipinas, en pampango se dice addua (2), atlú (3), apat (4), anim (6), apulu (10). En la lengua de Guebé esta partícula es una sílaba, pi, desde 1 á 9. Keane dice que la significación de tal enunciativa es sencillamente "uno". Algunas formas más completas que los nombres de números que acabamos de citar explican claramente la interpretación de Keane; sin salir del tagalog citaremos sangpowo por sa-powo, sangdaan, sanglibo. En bicol, sangpolo, sangpolo kag saró etc., etc. Es pues evidente que las partículas enunciativas de los numerales son restos, trasformaciones de una palabra que significó el número uno en una época en que la significación concreta de la cosa que se nombraba para representar con ella una de sus cualidades, el número ó la cantidad, no había aún desaparecido. Después, cuando la significación secundaria, la de cifra, fué como aclimatándose hasta el punto de hacer olvidar en algunas lenguas el significado primitivo, el de cosa que en cada número nos proponemos buscar, entonces también se fué olvidando el oficio del numeral delante del numeral, porque ya no hacía falta, sufriendo en algunos nombres cambios eufónicos que obedecían á modos, á vicios de pronunciación y llegando á desaparecer en otros. Keane hace observar la forma esefulu del samoa, que significa un-un-diez: en filipinas el ilocano nos presta ejemplos semejantes en sang-a-pulo (1O), sang-a-gasut (1OO), sang-a-ribu (1.000), que significan un-undiez, un-unciento, un-unmil (permítaseme esta manera de escribir que espresa mejor una idea). Es digna de mencionarse una forma del bisaya, napulu ka libu: na y ka representan dos trasformaciones distintas de la misma partícula enunciativa. También vemos en la misma lengua ísa-ka-gatos (100), isa ka libo (1.000) que significan realmente, un unciento, un unmil. Solo me falta añadir, después de demostrados la existencia y el significado de la partícula enunciativa, que da, en dalawá, es una trasformacion de sa.

Nos queda ahora por explicar el origen de lawa que es lo que verdaderamente encierra el significado de dos: proviene del tahitiano a-rua, ó más bien rua, quitando la partícula enunciativa que ya conocemos. R, D, L, son letras que vemos frecuentemente usadas unas por otras en estas lenguas, asi que tenemos en malayo y bisaya, dua, lo mismo que en ilocano y bicol, en pampango ad-dua y en ibanág due. En Batangas he oído decir daluá; y la voz lawa, más comunmente usada en Manila, es el resultado de la insuficiencia de la escritura con caracteres tagalog.

Sobre el significado de esta voz, diré que en tahitiano O-rua quiere decir, vosotros dos, ó sea el dual del pronombre de la segunda persona. O, es una especie de artículo que se pone en dicha lengua delante de los nombres propios y pronombres. Esta significación de dual de la segunda persona, nos parece más antigua que la de la idea de cantidad que se desprendió de aquella. Es inmensa el área linguística en que el radical rua, dua, tiene el mismo significado: en Europa, en Asia, en Oceanía, cientos de lenguas emplean ese radical para expresar la misma cifra.