PITÓ, siete. Nombre común á la mayoría de lenguas malayo polinesianas, en donde lo vemos variando su primera consonante en h, f, ó p, y su última vocal en o, u, indiferentemente. Marquesano, tahitiano, hitu; sandwich, hiku; samoano, fitu.

La forma primitiva de esta voz fué fiatu, cuyo origen y formación se pueden aun explicar con la lengua samoa; en esta, una forma anticuada del número tres es fia y la palabra tu significa cortar, quitar, suprimir. El sentido de esta voz compuesta, fiatu ó su contracción fitu, que es tres suprimir, se refiere á los dedos de ambas manos reunidos: de diez dedos se suprimen tres, quedan siete. Más adelante veremos la aplicación de este sistema en casi todas las lenguas de la Oceanía.

Volviendo á los radicales fia y tu, estudiaremos sus significados en otras lenguas polynesianas. El tahit. firi y sam. fili, significan trensar y el sand. y marq. fio; tienen la misma significación. Aquí aparece que la palabra fia ó sus trasformación fio, fiti, firi significan tres y un objeto en el cual la cantidad tres entra para algo, como la trensa. Lo mismo hemos notado con tatlo que, difiriendo completamente de sia y sus derivados, tiene la misma comunidad de significación, lo cual prueba que aquella significación de tres y de cuerda ó trensa no es una simple coincidencia y viene en apoyo de lo que decimos en este párrafo, del mismo modo que lo dicho aquí apoya aquello.

Tua significa también cortar en tahit. Antiguamente se decía tu; pero un rey así llamado, prohibió, según uso tahitiano, el empleo de este silaba en la lengua. En marq. y sand. tua, que significa también cortar, tiene además el sentido de cosechar.

En malg. se dice fitu: en javanés ngoko pitu y últimamente tagalog pitó. En mal. se usa una voz que por separse por completo del tagalog no nos interesa aquí su estudio: se dice tudju, lo mismo que en makasar.


WALÓ, ocho. Podrá haber estrañado la explicación que acabo de dar de la formación y sentido de la palabra pitó. En cuestión de derivaciones y de etimología, fácilmente se penetra en el terreno de la fantasía, y con consecuencias muy lógicas se puede llegar á probar los absurdos más grandes. Prevenido contra este escollo y teniendo como la sensación de que, en el espíritu de algunos, con la explicación de pitó, he despertado la duda haciendo sospechar que he incurrido precisamente en eso que quiero evitar, en hacer fantasía, he de principiar por algunas consideraciones sobre uno de los nombres que recibe el número ocho en las lenguas malayas, para que sirva de prueba, por analogía, á lo dicho sobre pitó.

Al lado de la voz waló, con mas ó menos variaciones usada en polinesia, emplean las lenguas que más se acercan al tipo malayo, las voces delapan y karua. En mal, sundanés y achinés, se usa delepan: es su origen sundanés según J. Rigg, en cuya lengua dua significa dos y lepan doblado. Refiriéndose á los dedos de las dos manos, que son diez, dos doblados, nos dejan ocho. Según mi ilustre amigo el sabio orientalista Mr. Aris. Marre, en las islas de Arru, se emplea la voz karua formada de ka cuatro y dua ó rua dos: es decir, cuatro dos igual á ocho. Ahora parecerá muy natural que á pitó le atribuya yo la formación que he explicado y que es del mismo carácter que la de delapan ó dualepan.

Viniendo á nuestro waló tagalog, debo confesar que me ha dado mucho que hacer. Su forma más antigua me parece ser walo ó varu que se encuentra en samoa, tahitiano, sandwich y marquesano. Su formación creo yo que sea esta: va-lua ó bien va-rua. Va y también iva significan en samoa espacio entre dos cosas, vacío entre dos objetos ó cosas. Rua, lua ó dua significan dos como ya vimos en otro lugar. Valua ó varua ó simplemente valu tendría el sentido de espacios dos, refiriéndose á dos manos unidas que tenemos que suponerlas así desde que descubrimos el sentido de pitó y delapan: los dos espacios ó vacios ocasionados por la falta de dos dedos, reducen á ocho los que quedan para contar en ambas manos.