Puede no satisfacer á muchos esta explicación, no porqué parezca ilógica, sino porque era de esperar que se usara la misma voz que en pitó indicó la sustracción: en uno se dice expresamente quitados dos y en otro la idea de desaparición de dos es secundaria y como consecuencia de dos espacios ó varios, en el lugar en donde debía haber dos dedos. Esto no significa, en todo caso, más sino que no se ha adoptado la misma palabra para expresar la misma idea. Lo principal es que la formación de pitó y waló responde á una misma idea, á un mismo sistema de representación objetiva de cifras. Los números se fueron formando según las necesidades: no había reglas generales para su formación, porque de haberlas se hubiera llegado á contar lo incontable como ocurre ahora con nuestro sistema, que nos permite hacer cálculos y amontonar tales cifras, que nuestra imaginación, se puede afirmar, no las llega á comprender. No habiendo pues una regla general, facil es concebir como pitó tubo una formación y waló otra, habiendo en ambas palabras de común, que se fundan en una sustracción operada sobre la cantidad diez, representada por los dedos de ambas manos.
SIAM, nueve. Vamos ante todo á demostrar que la forma actual de la palabra tagalog, es el resultado de una série de trasformaciones de la voz iva que significa este mismo número en las lenguas, tahitiana, marquesana sand. y samoa. Al pasar al novo-zelandés su v se convirtió en w y se formó iwa: en la isla de Rotuma se añadió una ch y quedo chiva y también chivu: la letra añadida fué s en firakú (en el E. de Timor), en donde, además, se convirtió la v en b quedando la voz trasformada en siba y en las lenguas tetu y lekale suprimiendo la consonante intermedia s, se dijo sia. Por razones de fonética, las lenguas filipinas han añadido una m última y tenemos actualmente la voz siam cuya derivación acabo de demostrar.
Hemos dicho en waló que la significación de vá era "espacio": iva es su sinónimo y en aquella palabra se le añadió la voz rua ó lua ó sus contracciones lu, ru, por que se trataba de dos espacios: aquí que no se trata más que de un vacío, no ha tenido que añadirse complemento alguno, aunque me parece muy posible que la s, que le precede en tagalog, sea un vestigio de la partícula enunciativa sa que ya he dado á conocer en otros artículos de este estudio. Esta palabra viene á apoyar mi opinión sobre la composición de varu ó valu. Del mismo modo la formación de delapan se vió confirmada cuando se supo que, para espresar la cantidad nueve, se usaba en las mismas lenguas la voz salapan, cuyo sentido es, uno sa quitado (lapan). En mal, se dice sambilon, nueve, formado de sa, uno y ambilan siendo quitado. En achinés se dice sakurang; sa, uno; kurang (parecido al tagalog kulang,) falta.
Los números 7, 8, 9 se expresan en lengua de Palaos siguiendo este mismo precedimiento. Uno, dos, tres se dice: reb, rub, adolib y anteponiendo á estas voces el prefijo me se tiene formado el nombre de las cifras 7, 8, 9. Yo no sé cual sea el significado propio del indicado prefijo me, pero sabiendo el sistema generalmente empleado en Oceanía, lógico es suponerle un significado de sustracción: medilib, siete, compuesto de me y una contracción de adolib, tres: merub, ocho (me y rub, dos): mereb, nueve (me y reb, uno).
En vista de tantos y tan repetidos ejemplos no cabe dudar ni buscar nuevas pruebas: las palabras usadas podrán ser distintas en la forma, pero no en el fondo y todas nos revelan una misma idea en el sistema de numeración.
Si el nombre de lima, cinco, que significa también la mano, no nos hubiera puesto en la pista, si se me permite espresarme así, quizás no hubiéramos llegado á comprender el significado de 7, 8, 9; pero una vez provistos de aquel dato relacionamos el sentido de las palabras que denominan estos números, con la existencia de diez dedos de las dos manos, que son los que constituyen el sistema de esta numeración, y no podemos dudar que las etimologias dadas á números tagalog, son no solo lógicas, sino verdaderas.
SAÑGPÓO, POWO, POLO. diez. Como los números 7, 8, 9, se llaman, como hemos visto, basándose en la cifra diez representada por los dedos de las dos manos, natural es que el nombre de 10 signifique al propio tiempo ambas manos ó cosa que se refiere á ellas.
Ya he dicho en el artículo limá que los tagalog emplean la expresión dalawang kamay, dos manos, por decir diez: también dije que eran estas expresiones, testimonio de la existencia de una numeración quinal antigua con la que no se podía contar más que hasta 49 ó 50. Podía realmente contarse más allá de esta última cifra, pero á fuerza de repetir la voz kamay se habría llegado á la formación de una palabra incomprensible y complicada. El día que la cantidad diez llegó á expresarse por una palabra sola y propia, la numeración pudo fácilmente ir hasta una cifra doble de la que expresaba el sistema quinal, y se pudo decir 99 y también 100.
En muchas lenguas de las que me ocupan, veo una relación entre el nombre de diez y el de una medida. El marquesano tipoo, que significa una medida de un palmo, está compuesto de una contracción de pití, tahitiano, que significa uno, y de poo, palmo de la mano; lo que demuestra que, como los europeos, se sirvieron de las manos para medir. De aquí probablemente se derivó la forma tipa del tagalog, que significa precisamente el palmo como medida. El samoano fua, quiere decir diez y también una medida, no és cual; pero no sería ilógico suponer fuera el palmo ó algo que se relacionara con alguna de las dimensiones de la mano. Aquí tenemos ya una relación entre el núm. 10 y una medida con la mano.