Sustitución de los “poderes ocultos”

Todo el temor a lo misterioso así como la creencia de los filipinos en poderes ocultos que quitaban la salud, atraían la desgracia, daban la victoria o conducían al desastre, se conservó cambiando tan sólo los espíritus que gobernaban los sucesos de la vida y los fenómenos de la naturaleza. Los Santos Patronos recomendados por los misioneros vinieron a substituir a los antiguos Anitos representantes de sus antepasados, que hacían intervenir en su antigua idolatría en todas las circunstancias de la vida.

Cuando los misioneros predicaron su religión, condenaron las antiguas supersticiones paganas, pero enseñaron otra nueva superstición más poderosa que la primitiva, no solamente por el prestigio de los nuevos patronos miembros todos de una Corte Celestial organizada como una aristocracia terrenal y encabezada por el mismo Dios Creador del Mundo, sino por usar para comunicarse con su Dios de la misma lengua que el pueblo supone hablada por él, la lengua latina, en la cual los sacerdotes elevan sus preces y entonaban sus cantos.

Los ensalmos

Los Oremus, los Laus Deo, Agnus Dei, Deo Gratias, Nos cum prole pia, Benedicat Virgo María, Per omnia secula seculorum, Kyrie eleyson, Christe eleyson, entraban en la categoría de los ensalmos conocidos bajo los nombres de Bolong y Mantala de los primitivos mangkukulam, manhihikup, mananangisama, etc. etc., de la gentilidad filipina. Todas estas frases latinas alcanzaron un prestigio tan grande que se miraron como fórmula invocatoria irresistible para conquistar la voluntad divina y se llegaron a usar para titular alguna secta ridícula como la de los Colorum, cuyo nombre viene de la mala pronunciación del “Secula seculorum” con que terminan muchas oraciones latinas incomprensibles pero usadas por la ignorancia de muchos.

La frase Agnus Dei qui tollis peccata mundi se emplea como un conjuro en el cual, cada palabra, incomprensible, tiene un carácter sagrado; de tal manera que si alguno dijera que desprecia a Qui Tolis, sería considerado como un blasfemo, porque el Qui Tolis es algo sagrado, divino. Un niño, después de rezar el Trisagio, decía en són de protesta: “Ya me fastidia tanto Kirileson (Kyrie Eleison).” Su madre entonces le castigó por burlarse de Dios. A otro niño se le ocurrió llamar Qui Tolis a un perro, su tía le corrige diciendo: “Nunca se pone el nombre de Dios a un animal.”

Arsenal de invocaciones mágicas

Todo esto constituye un verdadero arsenal de invocaciones mágicas, en cuya eficacia se confía para evitar el mal, librarse del peligro, lograr un bien, alcanzar una gracia. Como ejemplo de la virtud de las invocaciones y de lo que se puede conseguir con sólo decir con frecuencia Jesús, María, José, que constituye la “Trinidad Santísima de la Tierra,” se cuentan los siguientes casos: (Novena de Jesús, María y José. Manila, 1903). Un hombre de mala vida pasando en medio de una noche por delante de una iglesia de San Francisco, en Cuzco, Perú, vió luces en el cementerio y, comprendiendo que se trataba de un entierro, se dirigió al lugar para presenciarlo. De pronto se apercibió que allá había un trono en el que Jesucristo se hallaba sentado en medio de María y José. Aparecieron entonces muchos demonios cada uno con su libro en la mano. Uno de ellos empezó su acusación contra una mujer de mala vida de Buenos Aires. “Jesús, dice la novena, pronunció contra ella la sentencia de muerte repentina y juntamente a condenación eterna.” (Pág. 7.) Desapareció el demonio para ir a ejecutar la sentencia. Otro demonio leyó en su libro que en Chile había otra mujer de mala vida. “Jesús pronunció contra ella sentencia de muerte y condenación.” (Pág. 8.) El demonio corrió a cumplir la sentencia. Se presentó otro acusando a un hombre de llevar mala vida en Cuzco, y este hombre era precisamente el mismo que se detuvo a presenciar el espectáculo del cementerio. “Al ir el justo Juez a pronunciar contra él la sentencia de muerte y condenación, María Santísima y el Señor San José se arrodillaron ante el Divino Maestro pidiendo por él, alegando que muchas veces había invocado sus Santísimos nombres pidiendo su amparo * * *.” Habiendo Jesús negado su perdón, volvieron sus padres a rogarle, y viendo que no conseguían ablandarle para conseguir el perdón, la Santísima Virgen le mostró a su Santísimo Hijo los pechos que había mamado, y el Santo Patriarca le mostró las manos que con su trabajo le habían sustentado.” (Pág. 8.) Entonces Jesús les concedió el perdón por una gracia que puede solamente llamarse de estómago agradecido.