Una forma de gran virtud persuasiva para ganarse la voluntad divina y conseguir de ella lo que se desea, es rezarle el Trisagio. Parece ser que durante un período de grandes conmociones geológicas y meteorológicas experimentadas en Constantinopla, en el año 447, ocurrió (Trisagio seráfico, Manila, 1889, pág. 7), que “un niño de tierna edad fué llevado por los aires, siendo testigos oculares todos los acampados, hasta perderse de vista. Después de un largo espacio, restituido a la tierra del mismo modo que había subido al cielo, refirió en presencia del Patriarca, del Emperador, de toda la multitud asombrada, que había oído cantar a los Ángeles este concierto: Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, tened misericordia de nosotros.” El niño enseguida se murió. El Emperador ordenó que todos entonasen este sagrado cántico, y al momento cesaron los terremotos y se aquietó la perturbación meteorológica.” De aquí el uso del Trisagio, como un formulario para invocar a la Santísima Trinidad en los tiempos calamitosos y funestos” (pág. 78.) Entre otras cosas se pide en el Trisagio taxativamente lo siguiente: “De vuestra ira y enojo: líbranos Trino y Señor—De las asechanzas Trino y Señor.—De las asechanzas y cercanías del demonio * * * de Toda ira, odio y mala voluntad * * * De plagas, de peste, hambre, terremotos * * * De nuestros enemigos y sus maquinaciones, líbranos” (págs. 20-21).

Recuerdos de canibalismo

Aunque la Trinidad está compuesta, como se sabe, del Padre, Hijo y Espíritu Santo, y en el Trisagio se invoca y pide a las tres personas a la vez, sin embargo, hay otras formas de lograr el favor divino invocando separadamente a una sola de las personas de la Trinidad. Así, en la novena de Jesús sacramentado se pide al Padre por medio de la intercesión del Hijo, o mejor dicho, de solo una víscera del Hijo, de un órgano de su cuerpo; el Corazón, o más propiamente, del Sagrado Corazón de Jesús. “El Padre Eterno tiene complacencia, dice la novena (pág. 6), en que se le pida por el Corazón de su amado Hijo * * *.” “El Padre Eterno se lo dijo así directamente a la Venerable María de la Encarnación” (págs. 6-7): “Pídeme por el corazón de mi Unigénito Hijo, y por él te oiré, y alcanzarás cuanto me pidas * * *.” “Jesús dijo a su esposa Margarita: te pido * * * que el viernes inmediato a la octava de festividad del Corpus, se dedique particularmente al culto de mi corazón” (pág. 7).

La adoración al corazón no es simbólica; se adora al corazón real: “adorarán con más frecuencia a Jesús sacramentado y en él a su Divino Corazón” (pág. 7). Su novena se hará delante de una imagen de Jesús “o de su Sagrado Corazón” (pág. 19). El devoto, llevando su adoración hasta un resurgimiento de canibalismo atávico, dice a Jesús: “O dueño mío, vuestro mismo cuerpo me dais, y con él vuestro corazón, para que le coma” (pág. 12).

Hay una novena dedicada al Santo Ángel Custodio (Manila, 1897) que es el “Ángel delegado por Dios para que esté a nuestro lado, y ejerza con nosotros los amorosos oficios de un tutor cuidadoso, de un cariñoso ayo, de un preceptor amante, de un fiel conductor, y de un amigo íntimo y verdadero * * *” (pág. 6). “A ningún Santo del cielo le interesa tanto nuestra alma y nuestros negocios como al Santo Ángel de nuestra guardia” (pág. 6). Su intervención es tan útil que “no solo trasmite lo que se pide, sino que modifica las peticiones, cuando conoce que algunas de nuestras peticiones pueden acarrearnos algún mal espiritual o corporal” (pág. 7). Es, pues, la mayor garantía contra cualquier error nuestro, y naturalmente hace absolutamente inútil el sentido de responsabilidad.

Segundo Cristo

Santo Domingo de Guzmán es uno de los más poderosos abogados en el cielo. En su Novena (Manila, 1913) se le llama precursor de Cristo, aunque en realidad vino al mundo doce siglos después de Cristo (pág. 5). “En la castidad, color y figura de su cuerpo y en la elocuencia de su espíritu, fué él semejante a Cristo” (pág. 7). “Fué celebérrimo en todo género de prodigios y milagros tanto en la tierra como en los Cielos, así en los hombres como en los brutos, en los vivos y en los muertos” (pág. 9).

Un día se le apareció la Virgen María y “cogiéndole de la mano le dijo que tan tiernamente le amaba, que si fuera mortal esta Señora Divina no podría vivir sino en su presencia, y que hubiera muerto a la violencia del grande amor que le tenía * * *” (pág. 10). Luego la Virgen María, no satisfecha con tales manifestaciones eróticas, “lo desposó consigo en presencia de su esposo y de muchos bienaventurados del Cielo” (págs. 11 y 12), resultando que Jesús, además de ser hijo de María, es también su esposo, de suerte que, con San José, Santo Domingo hacía el tercer esposo de María. El Padre Eterno comunicó a Santa Catalina de Sena que “Cristo y Domingo eran sus hijos singularísimos. Cristo procedía de la boca del Padre Eterno estando a su diestra y Santo Domingo procedía del pecho del mismo Padre Eterno a la diestra, y de pié en la gloria * * *” (pág. 14). Con tales antecedentes se comprende que “Cristo le prometió que le concederá todo cuanto le pida para sus devotos * * *” (pág. 15), de manera que el poder del Santo es ilimitado. En verso se le dice: