Del P. Fray José M. Ruíz, en su memoria presentada a la Exposición de Filipinas en Madrid en 1887, tomamos lo siguiente:
“Es el párroco inspector local de Instrucción pública, consultor del Gobernadorcillo, y Presidente de varias juntas locales. Los indios ven en ellos un padre, un pastor, y un protector, y como tales han sido siempre reconocidos por el Gobierno de estas Islas.” (Pág. 239.)
“Gran parte de la población filipina, es a saber, la que vive en barrios y lugares apartados y poco accesibles, está casi por civilizar.” (Pág. 247.)
Refiriéndose a esta masa popular dice el mismo Padre:
“Atentos sus amos, salvas algunas honrosas excepciones, a sus propios intereses, descuidan por completo la instrucción de estos infelices en sus deberes religiosos....y sus hijos dedicados al pastoreo de los animales de labor, se crían en la más estúpida ignorancia.” (Pág. 254.)
Después añade el autor:
“Y aunque son enemigos de ir a la escuela (los indios) y de que vayan sus hijos, es porque no sirve más que para perder el tiempo, pues nada aprenden....Por lo demás, los pueblos están atestados de maestrillos ignorantes, que sin contar con nadie ponen sus escuelas privadas pagadas por los padres de los niños. Así aprenden lo poco bueno y mucho malo que saben, a quienes enseñan la cartilla, y algo de lectura y escritura, sirviéndoles de texto, para ambas cosas, los libros manuscritos llamados Corridos, atestados de anacronismos, errores y absurdos de todo género.......También aprenden algo de Catecismo.” (Pág. 337.)
“Los locales para escuelas eran además de malos, completamente abandonados y muchos de ellos ruinosos.” (Pág. 339.) “Tampoco hay orden en la escuela, y cada uno entra o sale sin permiso cuando le acomoda.” (Pág. 440.)