Los Guilliches tienen una especie de tabaco, que machacan cuando está verde, y le componen en rollos gruesos y cilíndricos. Es de color verde obscuro, y cuando le fuman despide un olor fuerte y desagradable, algo diferente del tabaco de Virginia. Es tan fuerte, que luego embriaga, y por eso pasan la pipa de uno á otro, tomando muy poco á la vez, porque de otro modo aniquilaria los sentidos.
El país de los Tehuelches, que viven mas cerca de los estrechos, como los Leuau-cunis, y los Yacana-cunis, es casi lo mismo que el de los otros Tehuelches. Tiene tierra adentro, bosques altos, y una pequeña mata, que produce una fruta semejante á nuestras moras, pero mas caliente: cómese, y es muy propia para el clima.
La Tierra del Fuego se compone de varias islas: las del occidente son pequeñas y bajas, llenas de pantanos é inhabitables, estando frecuentemente llenas de agua; pero las del este son mayores, y la tierra mas alta, con montañas, y bosques habitados por los indios Yacana-cunis, quienes tienen frecuente comunicacion con los españoles y franceses, que iban allí por leña desde las islas Malvinas, ó Falkland. No sé si hay alguna caza en estas grandes islas fuera de la volalla; pero es muy creible que los indios no viven en ellas con solo el pescado, porque es muy dificultoso el cogerle en estos climas en tiempo de invierno.
En el año de 1765, ó 66, se perdió un navio español en la costa de la isla del Fuego, cerca de 14 leguas de la boca del Estrecho. La tripulacion que se salvó, hizo por si un barco de bastante porte para transportarse con sus provisiones á Buenos Aires, donde informaron al Gobernador D. Pedro de Zeballos, que los indios nativos de esta isla habian sido muy humanos y caritativos, ayudándoles á pasar madera para la construccion de su barco, y asistiéndoles en todo. Que asimismo habian sido muy liberales, en distribuir entre ellos los géneros de mas valor, como sedas, brocados, tisues, &a., estimando esta gente mas los paños ordinarios para estar bien abrigados. Que al principio bajaron con sus armas, arcos y saetas, echándolas por tierra en señal de paz y amistad, inclinando el cuerpo, y luego saltando, rascandose y palmeteando. El Gobernador envió relacion de todo á la corte de España, y propuso establecer una colonia en esta isla; pero estando entonces los franceses tratando sobre la compra de las islas Malvinas, se frustró el prudente designio del Gobernador, quien tuvo órden de retirarse á España.
Tami, cacique de Yacana-cunis, me dijo que usaban de una especie de flota para pasar á veces los estrechos, y que tenian comunicacion con los de su nacion; de que se sigue que este país tiene las conveniencias de leña, agua y suelo; y que si se pudiera hallar algun puerto tolerable, seria mucho mas conveniente, y auxiliaria mejor el pasage al mar del sur, que las colonias de las islas de Falkland.
Estas islas son muchas, algunas pequeñas, pero dos muy grandes. Lo que puedo referir tocante á ellas, es conforme á la relacion que me han hecho algunos oficiales españoles, (que fueron á tomar posesión de ellas de los franceses, y transportar allí á los españoles de Buenos Aires), y un artillero frances que navegó desde el rio de la Plata hasta el puerto de Cadiz, y habia vivido muchos años en aquellas islas. Todos estos fueron testigos de excepcion.
Son tan bajas y pantanosas dichas islas, que despues de una lluvia no se puede salir de casa sin hundirse en el lodo hasta las rodillas. Las casas son de tierra, y estan verdes y tomadas del moho por la excesiva humedad del país, no pudiéndose hacer ladrillos por falta de fuego. Los colonos han sembrado varios géneros de granos, como trigo, cebada, guisantes, habas, y otras cosas: pero la tierra es tan estéril, que todo se redujo á yerba y paja, sin rendir fruto alguno. Con toda la industria de los franceses por muchos años, solo pudieron coger un poco de ensalada, y estercolándola con la basura de las vacas, puercos y caballos. Los únicos animales peculiares á estas islas son penguinos, y butardas, siendo solo estos últimos comestibles, matándolos con escopeta, y cuando hay pocos se venden muy caros: cógese tambien algun pescado, pero en tan corta cantidad, que no basta para los moradores. Es tan grande la pobreza de este país, que el gobierno español de Buenos Aires estuvo obligado á enviar navíos cada tres ó cuatro meses, para mantener la gente y guarnicion, sin que pudiese esperar retorno alguno; y aunque enviaron puercos, vacas, y caballos á estas islas, su clima es tan frio, humedo y estéril que jamas criaban. De manera que estos gastos durarán mientras dure la colonia. No hay leña, ni cosa que sirva para el fuego, sino una mata baja como el acebo, y está en abundancia, por cuya razon están obligados los moradores á enviar los pequeños barcos por leña á la Tierra del Fuego. El agua es el único bien que tiene este país, ademas de un buen puerto, el cual no obstante no responde al fin de este establecimiento, porque como este país de la Soledad es tan abierto al norte ó nord-este, necesita un navío tener viento de este lado para entrar en él. Ahora pues, como un tal viento es el mas favorable para pasar el cabo de Hornos para el mar del sur, seria perder tiempo entrar en dicho puerto, mayormente cuando debe esperar viento contrario para salir de él, y luego otro para navegar al Cabo mencionado; y esto en un parage, donde no hay esperanzas de hacer otra provison de agua.
Los franceses enviaron gente á estas islas en la última guerra, para asegurar un puerto á sus navios, que venian de las Indias Orientales para el mar del sur, carrera necesaria para libertarse de los corsarios ingleses. Pero acabada la guerra, y cansados de una colonia tan pobre y miserable, y de tan grandes gastos, cesando su fin, determinaron dejarla, con la intencion no obstante de cobrar ó recobrar (si fuese posible) el dinero que habian expendido en ella: á cuyo fin representaron estas nuevas adquisiciones de una manera tan favorable á la corte de Madrid, que el Rey de España acordó pagarles 500,000 pesos, (otros dicen 800,000, y otros aun los alargan hasta un millon), para que cediesen esta colonia á España, de cuya cantidad habia de recibir una parte el Rey de Francia, quedando el resto para Mr. Bougainville, su propietario, y la permision de vender en Buenos Aires algunas mercaderias compradas con este dinero en Rio Janeiro. Todo esto se hizo presente con grande libertad por el capitan de una fragata española al Gobernador de Buenos Aires, en presencia de Mr. Bougainville, quejándose del modo con que engañaban al Rey de España, y protestando que la persona encargada de recibir dichas islas, no podia, por el respeto y lealtad que debia á su soberano, y á la obligaciones de buen cristiano, aceptar dicha entrega hasta dar aviso, y recibir nuevas órdenes de la Corte de España; siendo evidente que la habian engañado. No pareció conveniente á Mr. Bougainville contradecir la exposicion de este oficial, quien ademas de ser el mismo testigo de vista, podia corroborarla, si fuese necesario, con testimonios de cien personas, que habian arribado poco antes de la exportacion de los franceses que estaban en aquella isla.
Los españoles transportaron á su colonia dos frailes franciscanos con un Gobernador, quienes luego que la vieron se llenaron de melancolia, y el Gobernador, Coronel Catan, á la vuelta de los navios para Buenos Aires, declaró con lágrimas, que tenia por dichosos los que habian salido de tan miserable país, y que él mismo se alegraria mucho poder dar á otro su comisión, y volverse á Buenos Aires, aunque fuese en clase de grumete.
Relación de los moradores de la parte meridional de América.