Haciendo yo á los indios alguna pregunta sobre esta parte, ví que mi congetura era cierta, pues reconocieron, nombrándoles Chiloé, Valdivia, &a., que estos parages eran los que ellos entendian bajo la descripcion de colonias europeas.
Lo que hace mas increible haber esta colonia de los Cesares, es la misma imposibilidad moral, de que 200, á 300 europeos, casi todos hombres, pudiesen sin tener comunicacion alguna con un pais civilizado, penetrar por medio de tantas naciones belicosas, y mantenerse como una república separada en un pais que no produce cosa alguna, y donde los moradores subsisten solo con la caza, y todo esto por espacio de 200 años, (segun nos dice la historia); sin haber sido estirpados, muertos, ó hecho esclavos por los indios, ó sin perder las apariencias de europeos, entremezclándose con ellos: fuera de que no hay un pié de tierra de este continente, por donde las gentes vagabundas, no pasen cada año; pues aun el desierto inhabitado que está á la orilla del Océano Atlantico, es frecuentado como paso, así para enterrar los huesos de sus difuntos, como para coger sal. Sus caciques y otros de reputacion y crédito entre ellos, me aseguraron que no habia gente blanca en todos aquellos parages, excepto los que son muy conocidos de toda Europa, á saber, los de Chile, Buenos Aires, Chiloé, Mendoza, &a.
De la religion política y costumbres de los Moluches y Puelches.
Los indios creen en dos potencias superiores, la una buena, y la otra mala. A la buena llaman los Moluches Toquichen, que quiere decir gobernador de la gente. Los Taluheches, y Diviheches, la llaman Soychu, que significa en su lengua el Presidente de la tierra, de la venida fuerte. Los Tehuelches, Guayava-cuni, esto es, Señor de los difuntos.
Han formado un número de deidades, creyendo que cada cual preside sobre una raza, ó familia de indias, de quien se supone haber sido el Criador. Unos le hacen de la raza de los tigres, algunos del leon, otros del guanaco, y otros del avestruz &a. Imaginan que estas deidades tienen sus moradas separadas debajo de alguna laguna, montaña, &a., y cuando algun indio muere, vá su alma á vivir con aquella deidad, que preside sobre su particular familia, y que goza la dicha de estar enteramente borracho.
Creen que sus buenas deidades crearon el mundo, y que primero criaron los indios en sus cuevas, dándoles á cada uno una lanza, arco y saetas con sus bolas de piedra para pelear y cazar, y echándolos luego al mundo para proveerse á si mismos. Imaginan tambien que las deidades de los españoles hicieron otro tanto con ellos, pero que en vez de proveerlos de lanzas, arcos, &a., les dieron escopetas y espadas, y suponen que las bestias, aves y animales menores fueron criados; que los mas ligeros salieron inmediatamente de sus cuevas; pero que los toros y vacas, siendo los últimos, espantaron de tal modo los indios, por razon de sus astas, que inmediatamente taparon las bocas de las cuevas con piedras grandes, á lo cual atribuyen la falta de ganado vacuno en aquel país, hasta que los españoles lo llevaron allí, quienes con mas cordura los dejaron salir de sus cuevas.
Formaron tambien otra creencia, que despues de la muerte han de volver otra vez á sus cuevas divinas, añadiendo que las estrellas son los indios antiguos, y que la via láctea es el campo donde van á cazar los avestruces, cuyas plumas son las dos nubes meridionales. Llevan la opinion de que la creacion aun no se ha acabado, ni que todo haya venido á la luz del dia en este mundo superior.
Sus hechiceros, tocando sus tambores, y haciendo ruido con sus calabazas llenas de conchas, pretenden ver debajo de la tierra hombres, ganados, &a., con tiendas de aguardiente comun, cascabeles, y otras varias cosas: pero estoy bien asegurado que todos ellos, ó la mayor parte, no creen en esta tonteria, porque el cacique tehuel, llamado Chechuentuya, me vino á ver una mañana, y darme razon de un nuevo descubrimiento hecho por uno de sus hechiceros de paises subterraneos, que estaban debajo del lugar donde viviamos. Pero riéndome de él, y exponiéndole su simplicidad de dejarse engañar de tales fábulas, respondió Epucungeigu, esto es, cuento de viejas.
La mala potencia se llama por los Moluches Huecusú, esto es, el vagador; por los Tehuelches y Checheheches, Atikan, Nakannatz, y por los otros Puelches, Valichu.
Confiesan haber un gran número de demonios vagando por el mundo, á quienes atribuyen todo el mal que se hace, sea á hombres ó á mugeres, y aun á bestias; estando tan obstinados en esta creencia, que aseguran que todo el cansancio ó fatiga de sus largas jornadas ó trabajo, viene de estos demonios. Suponen que cada uno de sus hechiceros tiene dos demonios familiares, que les asisten continuamente, y les avisan todo lo futuro, y aun lo que pasa al presente, á gran distancia de ellos; que los ayudan á curar sus enfermos, peleando y echando fuera, ó apaciguando los otros demonios que los atormentan. Creen tambien que las almas de estos hechiceros, despues de muertos, son otros tantos demonios.