[15] Después de las batallas, los vencidos trataban con los victoriosos pidiéndoles permiso para recoger sus muertos. La demanda de este permiso era la confesión de la derrota pues se reconocía no poderlos recoger por fuerza, sino por tratado o convenio, mientras los vencedores recogían los suyos sin necesidad de trato alguno. Esta costumbre la cita Tucídides con frecuencia. En el caso presente los corintios y los corcirenses recogieron sus muertos sin necesidad de tratado y por eso unos y otros se atribuían la victoria.

[16] Es opinión general que los lacedemonios amaban la guerra y buscaban ocasión de combatir, pero Tucídides, que debía conocerlos bien y cuya veracidad no es sospechosa, da de ellos muy diferente idea, presentándolos como el pueblo de Grecia más cauto para comprometerse en expediciones belicosas, el que más temía las consecuencias y el que menos confianza tenía en sus propias fuerzas. El retrato comparado de lacedemonios y atenienses que aquí presenta demuestra que los atenienses amigos de las ciencias y las artes eran audaces y emprendedores y los lacedemonios, que solo sabían hacer la guerra, tímidos e indecisos.

[17] Esta es una ironía contra los lacedemonios que no hacían guerra en días festivos, siendo en este punto tan superticiosos como los judíos. También tenían una ley que les prohibía salir a campaña fuera del plenilunio y con ella se excusaron cuando los atenienses les enviaron diputados implorando su socorro en la primera invasión de los persas, pues esperando obstinadamente el plenilunio, no llegaron, sino al día siguiente de la batalla de Maratón a tiempo solo de felicitar a los vencedores sobre el campo de batalla. (Herodoto, l. VI, cap. 106 y 120.)

[18] Temístocles fue arconte en el año de la 71 olimpiada, 493 años antes de la era vulgar.

[19] La ciudad alta era la ciudadela, y se le llama comúnmente Acrópolis (ciudad alta), y a veces solo Polis (ciudad); no era solo Atenas la población que tenía ciudadela.

[20] El talento equivalía a 5.400 pesetas. Los 460 talentos sumaban, pues, 2.484.000 pesetas.

[21] Gerania, montaña y promontorio de la Megáride, entre Mégara y Corinto.

[22] Siempre que se trata de los atenienses, la diosa por excelencia es Minerva.

[23] Cleómenes, rey de Esparta, fue llamado a Atenas por Iságoras, jefe de una facción, y expulsó a setecientas familias (Herodoto l. V, cap. 70 y siguientes).

[24] La escítala era una vara que se empleaba para lo siguiente. Hacíanse dos escítalas de igual tamaño: una quedaba en poder de los éforos y la otra la daban al general por ellos nombrado. Cuando tenían que escribirle algo secreto arrollaban una tira de pergamino a la vara y escribían en ella, desarrollándola para dársela al encargado de llevarla. De este modo solo presentaba una serie de palabras sin sentido y hasta incompletas; pero el general leía fácilmente el mensaje arrollando la tira en su escítala.