Guerras que los atenienses tuvieron desde la de con los medos hasta la presente, así contra los bárbaros como contra los griegos, acrecentando con ellas su imperio y señorío.
Este grado de mando y autoridad sobre los griegos lograron los atenienses con ocasión de la guerra de los medos, y por el deseo que tenían de emprender cosas grandes. Mas después de aquella guerra hasta la presente, realizaron famosos hechos, así contra los bárbaros, como contra aquellos aliados y confederados que querían hacer novedades, y contra los peloponesios, que les contradecían y estorbaban a cada paso.
Refiero todo esto saliendo fuera de mi propósito, porque todos los historiadores que antes de mí escribieron, han dejado de contarlo, haciendo solamente mención de las cosas que pasaron antes de la guerra de los medos, o en ella. Helánico dice algo en su historia de Atenas, brevemente, sin distinguir los tiempos por su orden. Así, pues, pareciome cosa conveniente poner aquí este relato y por él se podrá saber y entender de qué manera fue fundado y establecido el imperio y señorío de los atenienses.
Primeramente, siendo su capitán Cimón, hijo de Milcíades, tomaron y saquearon la ciudad de Eyón, que está asentada en la ribera del Estrimón, y que poseían los medos. Después tomaron y sometieron la isla de Esciros, en el mar Egeo, de donde expulsaron a los dólopes que la poseían y la poblaron con gente suya. Después hicieron guerra a los caristios, y a otros de la isla Eubea, que andando el tiempo se la dieron por tratos; y tras estos a los naxios que se les habían rebelado y que, conquistados por fuerza, fueron los primeros de las ciudades confederadas que los atenienses redujeron a servidumbre contra el tenor y forma de la alianza. Lo semejante hicieron después con otras ciudades que también se rebelaron. A esto dieron causa muchas de aquellas gentes por no entregar algunas veces el número de navíos que les pedían o no pagar el tributo que les habían impuesto, o ausentarse de la armada sin licencia, y por esto los atenienses los obligaban a ello y los castigaban muy rigurosamente, agraviándose ellos en gran manera, por no estar acostumbrados a esta sujeción, y también porque veían que los atenienses se hacían más señores, y usaban de más autoridad que habían acostumbrado, no haciéndose la guerra por igual de ambas partes, porque los atenienses tenían el mando y poder para obligar y compeler a aquellos que faltasen en algo. Los mismos obligados tenían la culpa de ello, pues por pereza de ir a la guerra o por no dejar sus casas algunos concertaban dar dinero en lugar de los navíos que debían dar, y así el poder de los atenienses se aumentaba por mar, y ellos quedaban totalmente faltos y despojados de navíos, de suerte que cuando después se querían rebelar, se hallaban desprovistos de todas cosas y no podían resistir.
Después de esto, los atenienses y sus confederados hicieron la guerra contra los medos, y en un día alcanzaron dos victorias, una por tierra junto a la ribera de Eurimedonte, que está en la región de Panfilia, y otra por mar allí cerca, llevando por su capitán a Cimón. En la cual batalla naval fueron, o tomadas o desbaratadas, todas las naves y galeras de los fenicios en número de doscientas. Poco tiempo después, los tasios se rebelaron contra los atenienses porque los tasios hacían la feria de sus mercaderías, y principalmente del metal, en tierra de Tracia, que estaba de la otra parte del mar, frente a la suya. Los atenienses enviaron contra ellos su armada, que desbarató la de los tasios, y después salieron a tierra y cercaron la ciudad. En este mismo tiempo enviaron los atenienses diez mil moradores, así de sus ciudadanos como de los aliados y confederados, a tierra del Estrimón para poblar de su gente la villa que entonces era llamada Nueve Caminos, y al presente se nombra Anfípolis, lanzando de ella a los edonios que la poseían. Mas después de entrar los atenienses más adelante por tierra en la región de Tracia, fueron muertos y desbaratados junto a Drabesco por los tracios, moradores de la tierra, en venganza de que la ciudad de Nueve Caminos fuese tomada y maltratada. Entretanto los tasios, que fueron vencidos por mar y estaban cercados de los atenienses, según he dicho, enviaron a pedir ayuda a los lacedemonios, rogándoles que entrasen en tierra de los atenienses para obligarles a levantar el cerco, e ir a socorrerla. Lo prometieron los lacedemonios y de hecho lo hubieran cumplido, a no ser por un terremoto que sobrevino en su tierra, no osando por ello emprender aquella guerra.
También sucedió en este tiempo que todos los esclavos de los lacedemonios que estaban en tierra de Turia y de Etea, huyeron a Ítome. Estos esclavos descendían por la mayor parte de los antiguos mesenios, llevados en cautividad, y por esto a todos se les llamaba mesenios. Los lacedemonios comenzaron la guerra contra los de Ítome, y esta les impidió socorrer a los tasios, que después de haber estado mucho tiempo cercados, al cabo de tres años se entregaron a merced de los atenienses, quienes les derrocaron las cercas y murallas de su ciudad, les quitaron todos sus navíos, y les hicieron pagar cuanto pudieron sacarles por entonces, imponiéndoles para lo venidero grandes tributos. A este precio les dejaron su tierra y las minas de metales que tenían en sus montañas. Durante este tiempo los lacedemonios viendo que la guerra que habían comenzado contra los de Ítome iba muy a la larga, pidieron a todos sus amigos y aliados ayuda, y entre otros a los atenienses, porque les parecían más expertos que otros en combatir muros y fuerzas, y que con su ayuda podrían tomar la villa que tanto tiempo habían tenido cercada, como a la verdad hubieran hecho, porque los atenienses les enviaron ejército, y por capitán a Cimón, si no fuera porque los lacedemonios sospecharon de ellos, sospecha que ocasionó después la discordia y diferencia manifiesta entre ellos. Viendo los lacedemonios que la villa no se tomaba por fuerza, comenzaron a recelar de los atenienses y de su afición a emprender cosas nuevas. Dijéronles, temiendo que los de la villa tuviesen algunos tratos o inteligencias con ellos, que ya por entonces no tenían más necesidad de su ayuda, y los despidieron reteniendo consigo los otros aliados y confederados. Los atenienses conociendo evidentemente que no habían sido despedidos por la razón alegada, sino por sospecha, tomaron esta licencia a mal, considerándola ultraje, porque sabían muy bien que no se lo habían merecido. Por ello, cuando volvieron a Atenas y relataron en el Senado lo que pasaba, se apartaron de la amistad y alianza que habían hecho con los lacedemonios para la guerra contra los medos, y se volvieron a aliar y confederar con los argivos, que eran conocidos enemigos de los lacedemonios, y unos y otros juntamente hicieron amistad y alianza con los tesalios.
Los que estaban dentro de Ítome viendo que no podían resistir más al poder de los lacedemonios, y que ya estaban cansados del largo cerco que duraba más de diez años, capitularon con condición de que saliesen de la villa los defensores y de toda tierra del Peloponeso sin poder volver jamás a ella, y si alguno volvía, que fuese esclavo de aquel que le cogiera. Este concierto hicieron los lacedemonios impulsados por una respuesta que les dio durante la guerra el oráculo de Apolo, que era así:
Si en Ítome algún varón
Ante el Júpiter divino
Se humilla y pide perdón,