Suéltenle de la prisión,

Vaya libre su camino.

Echados los itomenses de su tierra con sus mujeres y familias, se dirigieron hacia los atenienses, los cuales por el odio que habían concebido contra los lacedemonios, los recibieron de buena gana, y los enviaron a habitar en la isla de Naupacto, que acababan de conquistar lanzando de ella a los locros ozolos.

Casi por este mismo tiempo los megarenses se apartaron de la alianza de los lacedemonios y se juntaron con los atenienses a causa de que teniendo guerra contra los corintios sobre los límites, no les dieron ayuda, y por esta vía los atenienses fueron señores de Mégara y de la villa de las Fuentes que ellos nombran Pegas. Fortificaron a Mégara con una muralla fuerte que corría desde la ciudad hasta el río de Nisea, y la guarnecieron con sus tropas. De aquí nació la primera enemistad entre los atenienses y corintios. Sucedió también que Inaro, hijo de Psamético, rey de los libios que habitan junto a los confines de Egipto, juntó gruesa armada en su ciudad llamada Marea, que está sobre el Faro, y entró por tierra de Egipto, que a la sazón estaba sujeta al rey Artajerjes, y ora por fuerza, ora de grado atrajo a su devoción gran parte de ella. Hecho esto se alió a los atenienses, que entonces habían descendido a hacer guerra en la isla de Chipre con doscientos navíos suyos y de sus compañeros y aliados y que al saber la demanda del rey Inaro dejaron la empresa de Chipre y se fueron hacia aquellas partes, entrando por mar en el Nilo, tomando por sorpresa las dos partes de la ciudad de Menfis y sitiando la tercera llamada el muro blanco, donde se habían retirado los medos y los persas escapados de las otras dos partes juntamente con los egipcios que no se habían rebelado.

Por otra parte los atenienses que descendieron de sus naves junto a Halias, combatieron contra los corintios y contra los epidaurios, y estos los vencieron, aunque poco después en una batalla naval que tuvieron los atenienses contra los peloponesios junto a Cecrifalia, alcanzaron la victoria, como también después habiendo comenzado la guerra contra los eginetas en otra batalla naval junto a Egina, donde se hallaron los aliados y confederados de ambas partes, ganaron la victoria, echaron a fondo setenta barcos de los enemigos, y prosiguiendo su triunfo, hicieron escala, saltaron en tierra y sitiaron la ciudad de Egina, llevando por su capitán a Leócrates, hijo de Estrebo.

Viendo esto los peloponesios, quisieron tomar la demanda por los eginetas como sus aliados, y enviáronles de socorro al principio trescientos soldados corintios y epidaurios, los cuales entraron por los promontorios y cabo de mar de Gerania[21]. De la otra parte los corintios con sus aliados entraron armados por tierra de Mégara, sabiendo que los atenienses porque tenían armada en Egipto y en Egina no podrían socorrer a todas partes, y a lo menos para defender a Mégara tendrían que levantar el cerco de Egina. Mas como los atenienses no moviesen su ejército de Egina, salieron de la ciudad todos aquellos que podían tomar armas, viejos y mozos hacia Mégara, llevando por su capitán a Mirónides, y encontráronse allí con los corintios, fue la batalla tan reñida y tan igual, que cada cual de las partes pretendía haber logrado la victoria. Al fin los atenienses levantaron su trofeo en señal de vencedores por haber quedado por ellos el campo. Los corintios que se habían retirado a su ciudad, viendo que los ancianos los motejaban porque se habían vuelto doce días después de la batalla, acudieron también a levantar su trofeo frente al de los enemigos; pero los atenienses que estaban en Mégara salieron con tan grande ímpetu, que mataron a todos los que levantaron el trofeo y ahuyentaron a los que con ellos venían, algunos de los cuales por no saber el camino se metieron en un campo sin salida, cercado de fosos, acorralándolos los atenienses y matando a todos a pedradas, lo que fue gran pesar para los corintios, aunque los demás de su gente se salvaron dentro de la villa.

Por entonces los atenienses emprendieron la obra de hacer dos grandes murallas que comenzasen desde la ciudad, y la una llegase hasta el puerto del Pireo, y la otra hasta el de Falero. Los focenses guerreaban contra los dorios, que descendían de los lacedemonios, y les tenían cercadas tres villas, Beo, Citinio y Eríneo. Cuando tomaron una de ellas, los lacedemonios enviaron en socorro de los dorios a Nicomedes, hijo de Cleómbroto, que a la sazón gobernaba la ciudad de Lacedemonia en lugar de Pausanias, rey de Lacedemonia, con mil y quinientos hombres de la tierra y cerca de diez mil de los aliados: los cuales antes de llegar, sabiendo que los dorios habían capitulado con los corintios, volvieron a sus casas, no sin gran temor de que los atenienses les estorbasen el paso, porque si tomaban el camino por mar, por la parte del golfo de Crisa, los atenienses tenían gran número de navíos, y de la otra parte de Gerania también corrían peligro a causa de tener los atenienses a Mégara y a las fuentes de Pegas, con hombres de guerra y barcos, además de ser el paso difícil y estrecho, y saber que los atenienses los estaban esperando. Parecioles, pues, buen consejo quedarse en tierra de Beocia hasta que recibiesen noticias de cómo podrían pasar y también por persuasión de algunos atenienses, que procuraban mudar el gobierno popular de la ciudad de Atenas y estorbar que se acabasen las murallas comenzadas. Pero los atenienses que supieron la cosa, salieron al encuentro a los lacedemonios viejos y mozos hasta número de mil, y juntaron de sus aliados y confederados hasta catorce mil, así porque pensaban que los enemigos no sabían donde ir, como también porque recelaban que hubiesen venido por turbarles su estado y gobierno popular. Además acudieron en ayuda de los atenienses fuerzas de a caballo de tesalios por la alianza que tenían con ellos; aunque estos se pasaron a la otra parte en la batalla que se dio junto a la villa de Tanagra en tierra de Beocia, en la cual los lacedemonios ganaron la victoria, habiendo gran matanza de ambas partes.

Después de estas victorias, los lacedemonios entraron en tierra de Mégara y talaron todos los árboles, encaminándose después a Gerania, y por el istmo del Peloponeso volvieron a sus casas. Setenta y dos días después de la batalla perdida volvieron los atenienses con gran poder a tierra de Beocia, llevando por su capitán a Mirónides y vencieron a los beocios junto a Enófita, apoderándose de toda la tierra de Beocia y de Fócide, derribando los muros de Tanagra, y tomando rehenes de los locros opuntios más ricos.

Acabaron de hacer en este tiempo las dos murallas que habían comenzado en Atenas, que llegaban hasta los dos puertos, según dejo dicho.

Pasado esto los eginetas, no pudiendo sufrir más el cerco de tantos días, capitularon con los atenienses a condición de derrocar todos los muros de su ciudad, dar todos sus navíos y pagar ciertos tributos todos los años.