Los atenienses, queriendo socorrer a los suyos de Salamina, salieron de mañana todos de Atenas, sacaron las naves que había en el Pireo, embarcáronse muy apresurados y con gran bullicio, y fueron hacia Salamina con la mayor diligencia que pudieron, dejando algunos hombres de a pie en el Pireo para su guarda. Cuando los peloponesios advirtieron su venida, adelantáronse a meter los despojos y los prisioneros de Salamina dentro de sus naves, y hecho esto, con las tres galeras que habían tomado en el puerto del castillo de Búdoro, volvieron a Nisea por no estar muy seguros de sus naves, que a causa de haberlas tenido mucho tiempo en seco en las atarazanas, les parecía que no estaban buenas para sufrir la mar. Llegados que fueron a Nisea, desembarcaron y se fueron por tierra a Mégara, y de allí a Corinto.
Los atenienses, cuando llegaron y vieron que los enemigos habían partido, se volvieron a Atenas, y en adelante fortalecieron más su puerto del Pireo, así de muros como de guardas.
XIX.
Sitalces, rey de los odrisios, entra en tierra de Macedonia reinando Pérdicas, y sale de ella sin hacer cosa digna de memoria.
Al comienzo del invierno de este año el odrisio Sitalces, hijo de Teres, rey de Tracia, emprendió guerra contra Pérdicas, hijo de Alejandro, rey de Macedonia, y contra los calcídeos que habitan en Tracia, con motivo de dos promesas que Pérdicas le había hecho y no le había cumplido. La una era en provecho de Sitalces, y la otra en favor de los atenienses, pues estando Pérdicas en gran necesidad, porque de una parte Filipo, su hermano, le quería echar del reino, con la ayuda del mismo Sitalces, y de la otra los atenienses deseaban moverle guerra, prometió a aquel grandes cosas, si hacía los conciertos entre él y los atenienses y no daba ayuda ninguna a Filipo contra él. Además, cuando hizo los contratos con los atenienses, les había prometido Sitalces que Pérdicas haría guerra a los calcídeos, lo cual había aprobado y ratificado pero no cumplido. Por las dos causas Sitalces emprendió esta guerra y llevó consigo a Amintas, hijo de Filipo, para darle el reino que su padre pretendía, y también llevó los embajadores de los atenienses, de los cuales era el principal Hagnón, que fueron enviados para este efecto, porque también ellos habían otorgado a Sitalces enviarle ejército por tierra, y armada para ir contra los calcídeos.
Para esta empresa, Sitalces unió a los odrisios, todos los tracios sus vasallos que habitan entre el monte Hemo y el monte Ródope por parte de tierra, y el Ponto Euxino y el Helesponto por la de mar. Y asimismo los getas y las otras naciones que habitan más allá del monte Hemo y aquende del río Istro, hacia el Ponto Euxino, que confinan con los escitas y viven con ellos, por lo que la mayor parte son flecheros de a caballo, que llamamos hipotoxotas. Además juntó los que habitan las montañas de Tracia, que viven en libertad, que traen sus cimitarras como espadas ceñidas y se llaman dioses. Juntamente con estos muchos de los moradores de Ródope, que les siguieron, algunos de ellos por sueldo y otros por su voluntad, con curiosidad de saber las cosas de la guerra. También mandó venir en su ayuda los agreos y leeos y los peonios que viven al final de su señorío hasta el río Estrimón, que desciende del monte Escombro por la región de los leeos y de los agreos, río que parte los términos de su reino, y de allí llamó algunas otras ciudades libres que habitan junto al monte Escombro de la parte del septentrión al occidente hasta el río Oscio, que sale del mismo monte, donde nacen los ríos Nesto y Hebro, monte estéril y no labrado e inhabitable, bien cerca del monte Ródope.
Para mejor determinar la grandeza del reino de los odrisios, es de saber que se extendía desde la ciudad de Abdera, que está situada junto al Ponto Euxino, hasta el río Istro. Y en aquella costa, la parte de la mar más estrecha la cruzan en cuatro días y cuatro noches en un navío que tenga viento de popa. Por tierra tardará un hombre bien diligente once días en pasar de una parte a otra por lo más estrecho de ella, que es desde Abdera hasta el río Istro. Esto es lo ancho de aquel reino por la parte del mar. Mas por la de tierra firme, de los lugares mediterráneos, el más largo trecho es desde Bizancio hasta la tierra de los leeos, encima del monte Estrimón, que un hombre ligero, según he dicho, podrá andar en trece días.
La renta que daba aquel reino en tiempo de Seutes, hijo de Sitalces, que sucedió en el reino a su padre y le aumentó en gran manera, valía, así de los bárbaros como de los griegos, cerca de cuatrocientos talentos de plata cada año[59], sin contar los presentes y dones que le daban, que ascendían a poco menos, y sin las otras cosas, como son sedas y paños y otros muebles que daban los moradores griegos y bárbaros de renta cada año, no solamente a él, sino también a los príncipes y grandes y señores del reino. Porque entre los odrisios y en todo lo restante de la tierra de Tracia se vive muy de otra suerte que en el reino de Persia, pues los señores están más acostumbrados a tomar que a dar; y es mayor vergüenza a aquel a quien piden alguna cosa, no darla, y despedir al que la pide, que no al que la demanda ser despedido y no alcanzar lo que pide. Los príncipes y señores tenían la costumbre, con demasiado mando y poder, de no dejar tratar ni negociar a aquel que no les daba dádivas y presentes, y por estos medios vino aquel reino a ser el más rico de toda Europa, desde el golfo del mar Jonio hasta el Ponto Euxino; aunque en número de gente y buenos guerreros era mucho menos que el reino de los escitas, a los cuales, con ellos juntos y de un acuerdo, ni los tracios de que hablamos, ni otra cualquiera nación sola de las de Europa o Asia podría resistir ni igualarse en el buen consejo y policía de la vida, que tienen muy de otra suerte que las demás naciones.
Sitalces, siendo rey y señor de tan grande y poderoso reino, como hemos dicho, después que reunió todas sus huestes y preparó las cosas necesarias para la guerra, tomó el camino derecho a Macedonia, primeramente por sus tierras y después por el monte Cercina, que es desierto e inhabitable, y parte la tierra de los sintios y la de los peonios, siguiendo por la misma vía que había ido otra vez cuando hizo guerra a los peonios, cortando los árboles al atravesar el monte y dejando a la mano derecha a los peonios, y a la siniestra los sintios y los medos. Cuando pasó aquel monte llegó a Dobero, que es de los peonios, sin que su ejército disminuyese nada (aunque muchos de ellos cayeron enfermos de epidemia), porque muchos tracios seguían su campo sin sueldo y sin ser llamados, con esperanza de robar. De manera que había en el ejército, según afirman, pocos menos de ciento y cincuenta mil hombres de guerra, la tercera parte de los cuales era gente de a caballo, y de estos la mayor parte y los mejores eran odrisios, y los otros getas. De los de a pie, los maqueriseros, es decir, los que traen espadas, que son una de las naciones del monte Ródope y viven en libertad, eran los mejores guerreros. El número de todos los otros que seguían el campo era tan grande, que ponía espanto verlos. Al llegar a Dobero, descansaron allí algunos días, haciendo provisión de las cosas necesarias para entrar en tierra de Macedonia, que está en la bajada de aquel monte, la cual obedecía a Pérdicas por señor. No todos los macedonios estaban bajo su obediencia; los lincestas y los elimiotas, que también son macedonios, aunque tuviesen amistad y alianza con Pérdicas, y le reconociesen en alguna manera, tenían sus reyes particulares, porque Alejandro, padre de Pérdicas, y sus progenitores, llamados teménidas, eran naturales de la ciudad de Argos, y de donde fueron a tierra de Macedonia, y al principio tomaron aquella parte de tierra, que al presente llaman Macedonia la marítima, por la fuerza de las armas, y echaron de la región llamada Pieria a los pieres, los cuales vinieron después a habitar allende del monte Estrimón, a la bajada del monte Pangeo, la ciudad de Fagrete y algunos otros lugares: de aquí que ahora la región que está a la bajada del monte Pangeo, en dirección al mar, se llama Pieria.
También echaron de tierra de Botiea a los botieos, que ahora habitan en los confines de la Calcídica, y tomaron una parte de tierra de los peonios, junto al río Axio, que está desde las montañas hasta Pela y hasta la mar. Desde aquel río se apoderaron de la región de Migdonia hasta el monte Estrimón, de donde lanzaron a los edonios, y de la tierra de Eordia echaron a los eordios, de los cuales mataron muchos, y los otros se retiraron hacia la ciudad de Fisca, donde habitan al presente. Asimismo lanzaron a los almopes de Almopia. Además sujetaron otros pueblos de Macedonia, que al presente obedecen a Pérdicas, y son los de Antemunte, de Grestonia, de Bisaltia y otras muchas tierras, que todas se llaman Macedonia, y obedecían a Pérdicas, hijo de Alejandro, cuando Sitalces fue a hacer la guerra de que hablamos.