Al saber los macedonios la causa de su venida, y conociendo que no eran poderosos para resistirle, se retiraron con sus bienes y haciendas a las villas y plazas fuertes, de las cuales había muy pocas, porque las que vemos ahora fueron fortificadas por mandato de Arquelao, hijo de Pérdicas, que reinó después de él, y que también hizo componer los caminos y abasteció el reino de caballos, de armas y de todos los otros utensilios de guerra, más que lo habían hecho los ocho reyes que reinaron antes que él.
Al partir el ejército de los tracios de Dobero entró en las tierras que habían sido de Filipo, hermano de Pérdicas, y tomó por fuerza la ciudad de Idómene y las villas de Gortinia, de Atalanta y algunos otros lugares por tratos, por la amistad que él tenía con Amintas, hijo de Filipo, que iba con él.
Desde allí fue a la ciudad de Europo y la cercó, pensando tomarla, mas no pudo. De aquí se fue atravesando las tierras de Macedonia que están a la mano derecha de Pela y de Cirro, mas no se atrevió a entrar en Botiea ni en Pieria, sino que recorrió y robó las tierras de Grestonia, de Migdonia y de Antemunte.
Los macedonios, viendo que no tenían infantería bastante para afrontar a los tracios, reunieron gran número de gente de a caballo, de sus vecinos, que habitaban las montañas, y aunque eran muchos menos que los enemigos, los acometieron con tan gran ímpetu, que estos no osaron esperar, porque los macedonios eran buenos guerreros y venían muy bien armados. Mas al verse cercados por tanta multitud, aunque se defendieron valientemente por algún tiempo, al fin conocieron que no podrían resistir a la larga contra tantos enemigos, y acordaron retirarse. En este encuentro, Sitalces llegó al habla con Pérdicas y le dijo las causas por que le hacía la guerra.
Pasado esto, y viendo Sitalces que los atenienses no le socorrían con su armada, como le habían prometido, enviándole tan solo sus embajadores con algunos presentes (creyendo que él no podría con aquella empresa), dirigió parte de su ejército a Botiea y parte a Calcídica, cuyos habitantes, al saber la llegada de sus enemigos, se retiraron a las villas y lugares fuertes y dejaron talar y robar la tierra.
Estando Sitalces en estas partes, los tesalios que habitan al mediodía, y los magnesios y los otros griegos, que están bajo del imperio de los tracios, juntándose con los termópilos, y temiéndose que Sitalces fuera contra ellos, se pusieron todos en armas. Lo mismo hicieron los que habitan en los campos llanos, pasado el monte Estrimón, a la parte del mediodía, y los paneos, los odomantos, los droos y derseos, pueblos todos que viven en libertad.
Por otra parte, corría el rumor entre los griegos enemigos de los atenienses que Sitalces, por la alianza y confederación que tenía con estos, so color de la guerra de Macedonia había juntado aquellas huestes para venir contra ellos en favor de los atenienses.
Viendo, pues, Sitalces que no podía llevar a efecto lo que había emprendido, que no hacía más que talar la tierra sin ganarla, y que los víveres le faltaban y se acercaba el invierno, por consejo de Seutes, hijo de Esparádoco, su primo, y el principal caudillo de su ejército, determinó volver lo más pronto que pudiese.
Pérdicas había ganado secretamente la voluntad de Seutes, prometiéndole su hermana en casamiento y gran suma de dinero. Por tanto, Sitalces, después de estar treinta días en tierra de los enemigos, y de ellos ocho en la de Calcídica, volvió a su reino con su ejército. Poco después Pérdicas, en cumplimiento de sus promesas, dio a Estratónice, su hermana, por mujer a Seutes.
Este fin tuvo aquella empresa de Sitalces.