«El tercer año del reinado del rey Darío, siendo Alexípidas éforo de Lacedemonia, fue hecho este tratado en el campo de Menandro entre los lacedemonios y sus aliados de una parte, y Tisafernes, Hierámenes, y los hijos de Farnaces de la otra, sobre los negocios que interesan a ambas partes.

»Primeramente que todo lo que pertenece al rey en Asia, quede por suyo y pueda disponer a su voluntad.

»Que ni los lacedemonios ni sus aliados entrarán en las tierras del rey para hacer daño en ellas, ni por consiguiente, el rey en las tierras de los lacedemonios y sus aliados. Y si alguno de estos hiciese lo contrario, los otros se lo prohibirán e impedirán. Lo mismo hará el rey si alguno de sus súbditos invadiera las tierras de los confederados.

»Que Tisafernes pague el sueldo a las tripulaciones de los buques que están al presente aparejados, esperando que los del rey vengan: y entonces los lacedemonios y sus aliados paguen los suyos a su costa si quisieren, y si tienen por mejor que Tisafernes haga el gasto, estará obligado a prestarles el dinero, que le será devuelto una vez terminada la guerra, por los mismos aliados y confederados.

»Que cuando los barcos del rey lleguen, se junten con los de los aliados y todos hagan la guerra contra los atenienses el tiempo que le pareciese bien a Tisafernes y a los lacedemonios, y a sus confederados. Si creyeran mejor apartarse de la empresa, que lo hagan de común acuerdo y no de otra manera.»

Tales fueron los artículos del tratado, después de lo cual Tisafernes procuró con gran diligencia hacer ir los barcos de Fenicia, y cumplir todas las otras cosas que había prometido.

Casi en el fin del invierno los beocios tomaron la villa de Oropo y con ella la guarnición de atenienses que estaba dentro, logrando esto con acuerdo de los de la villa y de algunos eretrieos, y con esperanza de que después harían rebelar Eubea, porque estando Oropo en tierras de Eretria que tenían los atenienses, necesariamente la pérdida de ella había de ocasionar gran daño y perjuicio a la ciudad de Eretria, y a toda la isla de Eubea.

Después de esto los eretrieos enviaron mensaje a los peloponesios que estaban en Rodas, para hacerles ir a Eubea: pero porque el negocio de Quíos les parecía más urgente y necesario, por el apuro en que la villa estaba, no acudieron a esta empresa y partieron de allí para socorrer a Quíos.

Al pasar cerca de Oropo vieron los trirremes de los atenienses que habían partido de Calce, y que estaban en alta mar, pero por ir a diversos viajes, no acudieron los unos contra los otros, siguiendo cada cual su rumbo, a saber: los atenienses a Samos, y los peloponesios a Mileto, pues conocieron muy bien que no podían socorrer a Quíos sin batalla.

Entretanto llegó el fin del invierno y el de los veinte años de la guerra que Tucídides ha escrito.