Después de esta victoria cesó el temor que tenían a los peloponesios en guerra marítima, y el miedo a la murmuración que había en su pueblo a causa de esto.

Los trirremes que cogieron a los enemigos fueron los siguientes: ocho de Quíos, cinco de los corintios, dos de los ambraciotes y otros dos de los beocios. De los leucadios, lacedemonios, siracusanos y peleneos, de cada uno, uno; y de los suyos perdieron quince.

Después de la batalla recogieron los náufragos y los muertos, dando a los enemigos los suyos por acuerdo que hubo entre ellos y levantado el trofeo en señal de victoria sobre el promontorio de Cinosema, enviaron un buque mercante para hacer saber a los atenienses este triunfo.

Los ciudadanos que estaban en gran desesperación a causa de los males que les habían sucedido, así en Eubea como en la misma ciudad, con las sediciones, se tranquilizaron y tomaron en gran manera ánimo con esta noticia, esperando poder aún alcanzar la victoria contra sus enemigos, si sus negocios fuesen bien y con diligencia guiados.

Cuatro días después de aquella batalla, después de reparar con gran diligencia sus naves, que quedaron muy destrozadas en Sesto, partieron para ir a recobrar la ciudad de Cícico, que se había rebelado contra ellos; y por el camino vieron ocho navíos peloponesios en el puerto de Harpagio y de Príapo, que habían partido de Bizancio, a los que acometieron y capturaron.

De allí fueron a Cícico, la tomaron fácilmente por no tener murallas, y de los ciudadanos sacaron gran suma de dinero.

En este tiempo los peloponesios fueron de Abido a Eleunte, y tomaron de las naves que tenían allí de los enemigos las que hallaron enteras, porque los de la villa habían quemado gran cantidad. Además enviaron a Hipócrates y a Epicles a Eubea, para llevar otras que allí estaban.

En esta misma sazón Alcibíades partió de Cauno y de Fasélide con catorce barcos, y vino a Samos, haciendo entender a los atenienses que allí estaban, que él había sido causa de que los barcos fenicios no hubieran ido en ayuda de los peloponesios, habiendo atraído a Tisafernes a la amistad y confederación de los atenienses muchos más que antes.

Después, uniendo a los buques que llevaba otros nueve que halló allí, fue a Halicarnaso, de donde sacó gran cantidad de dinero, cercó la villa de muralla y volvió a Samos, casi en el principio del otoño.

Al saber Tisafernes que la armada de los peloponesios había partido de Mileto para ir al Helesponto, salió de Aspendo, dirigiéndose a Jonia.