Los argivos, teniendo aviso de esto, y entendiendo que los beocios no habían hecho alianza con los atenienses, y también que los atenienses estaban en gran discordia con los lacedemonios, prescindieron de las negociaciones de sus embajadores que trataban la paz y alianza con los lacedemonios, y entendieron hacerla con los atenienses, la cual tenían por mejor y más útil y provechosa para ellos que la otra, porque los atenienses habían sido siempre, desde los tiempos antiguos, sus amigos, y se gobernaban por señorío y estado popular como ellos, y porque les podían dar gran favor y ayuda por mar si temían guerra, siendo como eran en el mar los más poderosos.
Inmediatamente enviaron sus embajadores con los de los eleos y mantineos a Atenas para tratar y concluir la alianza. Al mismo tiempo llegaron a Atenas los embajadores de los lacedemonios, que eran Filocáridas, León y Endio, que, según parece, eran los más aficionados a los atenienses y a la paz, los cuales fueron enviados así por la sospecha que tuvieron los lacedemonios de que los atenienses hiciesen alianza con los argivos en daño de ellos, como también para demandar que les devolvieran a Pilos en cambio de Panacto, y también para excusarse de la alianza que habían hecho con los beocios, y para mostrarles que no la habían hecho con mala intención ni en perjuicio de los atenienses.
Todas estas cosas fueron propuestas por los embajadores lacedemonios ante el Senado de Atenas, y además declararon que tenían pleno poder para tratar y convenir sobre todas las diferencias pasadas.
Viendo esto Alcibíades, y temiendo que si estas cosas fuesen publicadas y declaradas al pueblo le inducirían a consentir con ellos, y por tanto a rehusar la alianza de los argivos, usó de la astucia e ingenio para estorbarlo, hablando secretamente con los embajadores, y diciéndoles que en manera alguna declarasen al pueblo que tenían poder bastante para entender en todas las diferencias, prometiéndoles que, si lo hacían así, pondría a Pilos en sus manos; que él tenía para ello los medios y autoridad, y sabía cómo persuadir al pueblo, como los había tenido antes para hacer que se opusiera a las demandas de los otros embajadores de los lacedemonios. Además les prometió que compondría todas las otras diferencias que tenían, haciendo esto por apartarlos de la conversación con Nicias, y también para por este medio calumniar a los embajadores, insinuar entre el pueblo que no había en ellos verdad ni lealtad, e inducirle a que hiciese alianza con los argivos, los mantineos y los eleos, según sucedió, porque cuando los embajadores se presentaron delante de todo el pueblo, siendo preguntados si tenían pleno poder para entender y tratar sobre todas las diferencias, respondieron que no, lo cual era contrario totalmente a lo que habían dicho primero delante del Senado. Tanto enojó esto a los atenienses, que no les quisieron dar más audiencia, poniéndose de acuerdo con Alcibíades, que comenzó con esta ocasión a cargarles la mano más que lo había hecho antes.
A persuasión suya mandaron entrar los argivos y los otros aliados que habían venido en su compañía para ajustar y convenir la confederación y alianza con ellos, mas antes que la cosa fuese efectuada del todo tembló la tierra, por lo cual fue dejada la consulta para un día después.
Al día siguiente, de mañana, Nicias viose engañado por Alcibíades no menos que los embajadores de los lacedemonios que fueran inducidos por él a negar al pueblo lo que primero habían dicho en el Senado. Mas no por eso dejó Nicias de insistir de nuevo en la asamblea, y mostrarles que la alianza debía hacerse y renovar la amistad con los lacedemonios, y que para esto debían enviar embajadores a Lacedemonia para saber más ampliamente su voluntad e intención, y entretanto diferir la alianza con los argivos, mostrándoles que era honra suya evitar la guerra y la vergüenza de los lacedemonios, y pues las cosas de los atenienses estaban en buen estado, que se supiesen guardar y conservar, pues los lacedemonios que habían quedado con pérdida tenían más motivo para desear la fortuna de la guerra que no ellos. Finalmente, tanto les persuadió Nicias que acordaron los atenienses enviar sus embajadores a Lacedemonia, y entre ellos fue nombrado el mismo Nicias, a los cuales ordenaron que dijesen a los lacedemonios que si querían tratar con verdad y mantener la paz y alianza, devolvieran a los atenienses la ciudad de Panacto reedificada, y en lo demás dejasen a Anfípolis y se apartasen de la alianza de los beocios si no querían entrar en el tratado de paz con las mismas condiciones que en él había sido dicho y declarado, a saber: que cualquiera de las partes no pudiese hacer tratos con ciudad alguna sin que en ellos entrase la otra. Declararon además que si querían contravenir el tratado de paz y alianza haciendo lo contrario de lo que primero habían capitulado, supiesen que los atenienses tenían ya concluida la alianza con los argivos que quedaban en Atenas esperando la resolución de esta embajada, y juntamente con estas enviaron otras muchas quejas y agravios contra los lacedemonios por no haber guardado ni cumplido el tratado de paz, todas las cuales fueron dadas por instrucción a los embajadores atenienses para que se las expresaran a los lacedemonios.
Cuando los embajadores llegaron a Lacedemonia y expusieron su demanda en el Senado a los lacedemonios, y en el último término les notificaron que si no querían dejar la alianza con los beocios (en el caso que estos no quisiesen aceptar el tratado de paz como hemos dicho), los atenienses concluirían la alianza con los argivos y los otros aliados suyos, los lacedemonios, por consejo del éforo Jénares, y los de su bando respondieron que no se apartarían de la alianza de los beocios en manera alguna, aunque siendo requeridos por Nicias que jurasen de nuevo guardar el tratado de paz y amistad que habían hecho antes entre sí, lo juraron de buen grado.
Hizo esto Nicias temiendo que si volvía a Atenas sin efectuar algo de lo que llevaba a cargo, después le calumniarían por haber sido autor del tratado de alianza con los lacedemonios, según después sucedió. Cuando Nicias regresó de su embajada, y los atenienses entendieron por su relación la respuesta de los lacedemonios, y que no había efectuado nada con ellos, consideráronse muy injuriados, y por consejo y persuasión de Alcibíades concluyeron la alianza con los argivos que estaban en Atenas, el tenor de la cual es el siguiente:
«Queda hecha confederación y alianza por espacio de cien años por parte de los atenienses con los argivos, los mantineos y los eleos, así para ellos como para sus amigos y compañeros a quien presiden una parte y otra sin fraude, ni dolo, ni engaño, así por mar como por tierra, a saber: que una parte no pueda mover la guerra, ni hacer mal ni daño a la otra ni a sus aliados ni súbditos bajo cualquier causa, ocasión o motivo que sea.
»Además, que si algunos enemigos durante este tiempo entraren en tierra de los atenienses, los argivos, mantineos y eleos estarán obligados a socorrerles con todas sus fuerzas y poder tan pronto como fuesen requeridos por los atenienses. Y si sucediese que los enemigos hubieran ya salido de tierra de los atenienses, los argivos, mantineos y eleos los deban tener y reputar por sus enemigos ni más ni menos que los tendrán los atenienses.
»Que no sea lícito a ninguna de estas ciudades aliadas y confederadas hacer tratado o concordia con los enemigos comunes sin el consentimiento de las otras, y lo mismo harán los atenienses para con los argivos, mantineos y eleos cuando los enemigos entrasen en su tierra.
»Que ninguna de estas ciudades permitirá ni dará licencia para pasar por su tierra ni por la de sus amigos y aliados a quien presiden, ni por mar ninguna gente de armas para hacer guerra si no fuere con acuerdo y deliberación de las cuatro ciudades. Y si alguna de estas ciudades demandare socorro y ayuda de gente a las otras, la ciudad que pidiere el socorro sea obligada a proveer y abastecer de vituallas a su costa por espacio de treinta días, contados desde el primer día que el tal socorro llegare a la ciudad que le demanda. Pero si la ciudad hubiese menester el socorro por más tiempo, quedará obligada a dar sueldo a los tales soldados, a saber: tres óbolos de plata cada día por cada hombre de a pie, y a los de a caballo una dracma. La ciudad tendrá mando y autoridad sobre estos hombres de guerra, y ellos estarán obligados a obedecerla, mientras estuvieren en ella. Mas si en nombre de todas cuatro ciudades se formase ejército o armada, tenga caudillo y capitán de parte de todas cuatro.
»Este tratado de alianza deberán jurarlo los atenienses al presente en nombre suyo, y de sus aliados y confederados, y después se jurará en cada una de las otras tres ciudades y de sus aliados en la más estrecha forma que pueda ser, según su costumbre religiosa, después de hechos los sacrificios correspondientes por estas palabras:
»Juro mantener esta confederación y alianza según la forma y tenor del tratado acordado y otorgado sobre ella, justa, leal y sencillamente, y no ir ni venir en contrario con cualquier pretexto, arte ni maquinación que sea. Este juramento será hecho en Atenas por los senadores y los tribunos, y después confirmado por ellos. Y en la ciudad de Argos, por el Senado y los ochenta varones del consejo. En Mantinea, por la justicia y gobernadores, y confirmado por los adivinos y caudillos de la guerra. En Elea o Élide, por los oficiales tesoreros y sesenta varones del gran consejo, y será confirmado por los conservadores de las leyes. El juramento será renovado todos los años, primero por los atenienses, los cuales irán para este efecto a las otras tres ciudades treinta días antes de las fiestas olímpicas, y después los representantes de las otras tres ciudades irán a Atenas para hacer lo mismo diez días antes de la gran fiesta llamada Panacteas.
»Será escrito el presente tratado con su juramento y esculpido en una piedra que se ponga en lugar público, a saber: en Atenas, en el más eminente lugar de la ciudad; en Argos, junto al mercado en el templo de Apolo; y en Mantinea y en Élide, en el mercado junto al templo de Júpiter. En nombre de estas cuatro ciudades será puesto en las próximas fiestas olímpicas en una tabla de bronce, y podrán estas ciudades por común acuerdo añadir a este tratado lo que bien les pareciere en adelante.»
De esta manera fue ajustada la liga y confederación entre estas cuatro ciudades sin que se hiciese mención alguna que por esta alianza se apartaban del tratado de paz y alianza hecha entre los atenienses y los lacedemonios.