Acabadas las fiestas, los argivos y sus aliados fueron a Corinto a rogar a los corintios les enviasen personas con poderes para tratar una alianza con ellos. Allí se hallaron también presentes los embajadores de los lacedemonios, y tuvieron muchas conferencias acerca de esto, mas al fin, cuando oyeron el temblor de tierra, todos los que estaban allí reunidos para negociar se separaron unos de otros sin tomar acuerdo alguno, y se fue cada cual a su ciudad.

Ninguna otra cosa se hizo aquel verano.

Al empezar del invierno siguiente, los de Heraclea de Traquinia libraron una batalla contra los enianes, los dólopes y los melieos y algunos otros pueblos de Tesalia, sus comarcanos y enemigos, porque aquella ciudad había sido fundada y poblada contra ellos, y por esto, desde su fundación, nunca habían cesado de tramar y maquinar por destruirla. De esta batalla los heracleotas llevaron lo peor, muriendo muchos de los suyos, y entre otros el lacedemonio Jénares, hijo de Cnidis, que era su general; y con esto pasó el invierno, que fue el duodécimo año de la guerra.

Al principio del verano los beocios tomaron la ciudad de Heraclea, y echaron de ella al lacedemonio Agesípidas, que la gobernaba, diciendo que lo hacía mal y que sospechaban que estando los lacedemonios ocupados en guerra en el Peloponeso los atenienses la tomasen. Esta acción produjo en los lacedemonios gran rencor contra ellos.

En este mismo verano Alcibíades, capitán de los atenienses, con la ayuda de los argivos y de otros aliados fue al Peloponeso, llevando consigo muy pocos soldados atenienses, y algunos flecheros y confederados, los que halló más dispuestos, y atravesó tierra de Peloponeso, dando orden en las cosas necesarias; y entre otras, aconsejó a los de Patras que derrocasen el muro desde la villa hasta la mar, pensando hacer otro sobre el cerro que está de la parte de Acaya, mas los corintios y los sicionios, que entendieron que esto se hacía contra ellos, los estorbaron.

En el mismo verano hubo una gran guerra entre los epidaurios y los argivos, por motivo de que los epidaurios no habían enviado las ofrendas al templo de Apolo Pitaeo, como estaban obligados; el cual templo caía en la jurisdicción de los argivos, mas en realidad de verdad, era porque los argivos, y Alcibíades con ellos, buscaban alguna ocasión para ocupar la ciudad de Epidauro si pudiesen, así por estar más seguros contra los corintios, como también porque desde el puerto de Egina podían atravesar más fácil y más derechamente que desde Atenas, rodeando por el cabo de Escíleo. Con este pretexto se aparejaban los argivos para ir a cobrar la ofrenda de los epidaurios por fuerza de armas.

En este tiempo los lacedemonios salieron al campo con todo su poder, y se juntaron en Leuctra, que es una villa de su tierra, al mando de Agis, hijo de Arquidamo, su rey, el cual los quería llevar contra los de Liceo sin descubrir su intención a persona alguna: mas habiendo hecho sus sacrificios para aquel viaje, y no siéndoles favorables, se volvieron a sus casas, tomando primero el acuerdo de reunirse de nuevo el mes siguiente, que era el de junio.

Después de partir, los argivos salieron con todas sus fuerzas contra ellos cerca del fin de mayo, y caminaron todo un día hasta entrar en tierra de Epidauro, y la robaron y destruyeron. Viendo esto los epidaurios, enviaron aviso a los lacedemonios y a los otros aliados suyos para que les diesen socorro y ayuda, mas los unos se excusaron, diciendo que el mes señalado para reunirse no había aún llegado, y los otros fueron hasta los confines de Epidauro, y allí se detuvieron sin pasar más adelante.

Mientras los argivos estaban en tierra de Epidauro, llegaron a Mantinea los embajadores de las otras ciudades aliadas suyas, y a instancia de los atenienses; y después que estuvieron todos juntos, el corintio Eufámidas dijo que las obras no eran semejantes a las palabras, porque hablaban y trataban de paz, y entretanto, los epidaurios y sus aliados se habían juntado y puesto en armas para ir contra los argivos. Por tanto, que la razón demandaba que la gente de guerra se retirase de una parte y de otra; y hecho así se empezara a tratar de paz. En esto consintieron los embajadores de los atenienses, y mandaron retirar la gente que había entrado en tierra de los epidaurios, y después volvieron a reunirse todos para tratar de la paz, mas al fin partieron sin tomar resolución, y los argivos volvieron de nuevo a hacer correrías en la tierra de Epidauro.

Por este mismo tiempo los lacedemonios sacaron su gente para ir contra los de Carias; mas como los sacrificios no se les mostrasen favorables para esta jornada, regresaron.