Estos sucesos ocurrieron aquel invierno, que fue el fin del decimoquinto año de esta guerra.
Al principio del verano siguiente, Alcibíades, con veinte naves, pasó a Argos, y al llegar allí, entró en la ciudad y prendió a trescientos ciudadanos que tenía por sospechosos de seguir el partido de los lacedemonios, enviándoles desterrados a las islas que los atenienses poseen en aquellas partes.
XI.
Del sitio y toma de la ciudad de Melos por los atenienses y de otros sucesos que ocurrieron aquel año.
En este mismo tiempo los atenienses enviaron otra armada de treinta barcos contra los de la isla de Melos, en la cual iban mil doscientos hombres de guerra muy bien armados, y trescientos flecheros, y veinte caballos ligeros.
En esta armada había seis naves de las de Quíos, y dos de las de Lesbos, sin el socorro de los otros aliados, y de las mismas islas, que serían mil y quinientos hombres.
Fueron estos melios poblados por los lacedemonios, y por eso recusaban ser súbditos a los atenienses como todas las otras islas de aquella mar, aunque al principio no se habían declarado contra ellos: mas porque los atenienses los querían obligar a que se unieran a ellos, les quemaban y talaban las tierras, tratándoles como a enemigos y declarándoles la guerra.
Al llegar la armada de los atenienses a la isla de Melos, Cleomedes, hijo de Licomedes, y Tisias, hijo de Tisímaco, que eran los jefes de la armada, antes que hiciesen mal ni daño alguno a los de la isla, enviaron embajadores a los de la ciudad, para que parlamentasen con ellos, los cuales fueron oídos, aunque no delante de todo el pueblo, sino solamente de los cónsules y senadores.
Los embajadores expusieron sus razones en el Senado, sobre lo que les mandaron los capitanes, y los melios respondieron a ellas, y fue debatida la materia entre ellos por vía de preguntas y respuestas de la manera siguiente:
Los atenienses.— Varones melios, porque tenemos entendido que no habéis querido que hablemos delante de todo el pueblo, sino solamente aquí en esta asamblea aparte, pues sospecháis que aunque nuestras razones sean buenas y verdaderas, si las proponemos de una vez todas juntas delante de todo el pueblo, acaso este, engañado por ellas, será inducido a cometer algún yerro, a causa de no haber discutido antes la materia punto por punto, y altercado sobre ella, será necesario que vosotros hagáis lo mismo, a saber: que no digáis todas vuestras razones de una vez, sino por sus puntos. Según viereis que nosotros decimos alguna cosa que no os parezca conveniente ni ajustada a razón, vosotros responderéis a ella, y diréis libremente vuestro parecer. Ante todas cosas decidnos si esta manera de hablar por pregunta y respuesta que os proponemos, os agrada o no.