Hecha la alianza entre los lacedemonios y los argivos, al principio los mantineos rehusaron entrar en ella; mas viendo que eran muy flacas sus fuerzas contra los argivos, a los pocos días hicieron tratos y conciertos con los lacedemonios y les dejaron libres las villas y ciudades que les tenían usurpadas.
Hecho esto, los lacedemonios y los argivos enviaron cada cual de ellos mil hombres de guerra a Sición, y quitando al pueblo el gobierno de la ciudad y dándolo a ciertos ciudadanos que nombraron senadores, lo cual hicieron primero los lacedemonios, y luego tras ellos lo mismo los de Argos en su ciudad, para que la república se gobernase por consejo y senado, de la misma manera que la ciudad de Lacedemonia.
Todas estas cosas se hicieron al fin del invierno, cerca de la primavera, que fue el año catorce de la guerra.
En el verano siguiente los de Dío, que habitan en tierra de Atos, se rebelaron contra los atenienses, y aliándose con los calcídeos y los lacedemonios pusieron en buen orden todas las cosas de Acaya que no estaban a su gusto.
En este mismo tiempo los del pueblo y comunidad de Argos, que habían ya conspirado para volver a tomar el gobierno de la república, aguardaron el momento en que los lacedemonios se estaban ejercitando todos desnudos en sus juegos, según lo tienen por costumbre, y levantándose contra los gobernadores de la ciudad y personas principales, les acometieron con armas y mataron algunos de ellos y a otros echaron fuera de la ciudad, los cuales, antes de salir, enviaron a pedir a los lacedemonios socorro y ayuda, pero estos tardaron mucho en llegar por estar ocupados en sus juegos. Cuando los dejaron, salieron al campo a socorrer los gobernadores; al llegar a Tegea supieron que estos habían ya salido, y regresando a su tierra, acabaron sus juegos.
Después fueron embajadores, así de parte de los que habían sido echados de la ciudad como de la comunidad que gobernaba la república, los cuales fueron oídos por los lacedemonios en presencia de sus aliados, y después de grandes controversias entre ellos, declararon que sin causa ni motivo los gobernadores habían sido echados de la ciudad, acordando ir contra la comunidad en favor de los gobernadores, y por fuerza de armas restablecerlos en sus cargos.
Como este acuerdo se dilatase de poner en ejecución por algunos días, los de la comunidad, temiendo ser asaltados por los lacedemonios, se confederaron de nuevo con los atenienses, pensando que por tal medio estos les ampararían y defenderían. Así hecho, mandaron rehacer y fortificar la muralla que va desde la ciudad hasta la mar, a fin de que si les tomaban el paso para meter vituallas por parte de mar, las pudiesen meter por tierra. Esta obra hicieron teniendo inteligencias con algunas ciudades del Peloponeso, con tan gran diligencia que no hubo hombre ni mujer, viejo ni mozo, grande ni pequeño que no emplease su persona en este trabajo, y también los atenienses les enviaron sus maestros y obreros y carpinteros, de manera que los muros fueron acabados al fin del verano.
Viendo esto los lacedemonios, mandaron reunir todos sus aliados, excepto los corintios, y al comienzo del invierno fueron a hacerles la guerra al mando de Agis, su rey; y aunque tenían algunas inteligencias con los de la ciudad de Argos, como por entonces no les eran útiles, determinaron tomar la muralla nueva, que aún no estaba del todo acabada, por fuerza de armas, y la derribaron. Después tomaron por combate y asalto un lugar que estaba en tierra de Argos, llamado Hisias, y lo saquearon y mataron a todos los hombres de edad madura que hallaron dentro, regresando después a sus tierras.
Pasado esto, los argivos salieron de la ciudad con todo su poder contra los fliasios y les tomaron toda la tierra por haber acogido a los gobernadores que ellos echaron de la ciudad de Argos, aunque algunos de estos tenían casas y heredades en la tierra.
En el mismo invierno los atenienses hicieron la guerra al rey Pérdicas en Macedonia, so color que había conspirado contra ellos en favor de los lacedemonios y de los argivos, y que cuando los atenienses aparejaron su armada para enviarla a tierra de Tracia contra los calcídeos y los de Anfípolis al mando de Nicias, Pérdicas había disimulado con ellos, de manera que aquella empresa no pudo tener efecto, por lo cual le declararon su enemigo.