Los lacedemonios, para tratar la paz, enviaron a Licas, hijo de Arcesilao, que tenía casa en Argos, al cual dieron encargo que demandase dos cosas tan solamente a los argivos, a saber: si querían hacer guerra, de qué manera la querían hacer; y si querían paz, de qué suerte la querían. Sobre lo cual hubo grandes discusiones de ambas partes, porque se halló allí a la sazón Alcibíades, de parte de los atenienses, que procuraba estorbar la paz con todas sus fuerzas. Mas al fin los que eran del partido de los lacedemonios convencieron e indujeron al pueblo a tomar y aceptar la paz en la manera siguiente:
«Ha parecido al concejo, justicia y gobernadores de los lacedemonios hacer la paz con los argivos en esta forma: Primeramente los argivos quedan obligados a devolver a los orcomenios sus hijos que tienen en su poder, a los menalios sus ciudadanos y a los lacedemonios los suyos que detienen dentro de Mantinea. Además mandarán salir su gente de guerra que tienen de guarnición dentro de Epidauro, y derrocarán el muro que allí han hecho, y si los atenienses, como consecuencia, no mandaran también salir los suyos que allí están en guarda, que sean tenidos y reputados por enemigos así de los lacedemonios como de los argivos. De igual modo, si los lacedemonios tienen en su poder algún hijo de los argivos o de sus aliados, los devolverán, jurando hacerlo así unos y otros.
»Todas las ciudades y villas que están dentro del Peloponeso, grandes o pequeñas, serán en adelante francas y libres, y en su libertad y franquicia vivirán según sus leyes y costumbres antiguas, y si algunos enemigos quisieren entrar en armas dentro de la tierra del Peloponeso contra alguna de estas ciudades, las otras le darán socorro y ayuda según su parecer y consejo, todas de común acuerdo.
»Los aliados de los lacedemonios que habitan fuera del Peloponeso permanecerán en el mismo ser y estado que los confederados de los argivos y lacedemonios, cada uno en su término y jurisdicción.
»Cuando fuere pedido socorro por alguno de los aliados de ambas partes y se unieran a ellos para dárselo, después de mostradas las presentes capitulaciones, podrán pelear juntamente con ellos, y ayudarles o regresar a sus casas como los aliados quisieren.»
Estos artículos fueron aceptados por los argivos, y tras esto los lacedemonios que estaban sobre Tegea partieron de allí y volvieron a su tierra.
Pocos días después estando allí presentes los mismos que habían tratado la paz, yendo y viniendo a menudo los unos con los otros, fue acordado entre ellos que los argivos hiciesen alianza con los lacedemonios, apartándose de aquella que primero habían hecho con los atenienses, los mantineos y los eleos, y la ajustaron del modo siguiente:
«Ha parecido a los lacedemonios y a los argivos hacer alianza y confederación entre ellos por cincuenta años de esta manera:
»Primeramente, ambas partes estarán a derecho y justicia según sus leyes y costumbres antiguas.
»Ítem, las otras ciudades que están en el Peloponeso francas y libres, y que viven en libertad, podrán entrar en esta alianza y tener y poseer su tierra y jurisdicciones y señorío según han acostumbrado.
»Ítem, que todas las otras ciudades confederadas con los lacedemonios que habitan fuera del Peloponeso serán de la misma forma y condición que los lacedemonios, y asimismo los aliados de los argivos de la suerte y condición de los argivos, teniendo y gozando igualmente de sus términos y jurisdicción.
»Ítem, que siendo necesario enviar socorro o ayuda a alguna de las tales ciudades confederadas, los lacedemonios y argivos juntamente proveerán sobre esto lo que les pareciere justo y razonable, lo cual se entiende cuando alguna de estas ciudades tuviere cuestión o diferencia con otras que no sean de esta alianza por razón de sus términos u otro motivo. Pero si alguna de tales ciudades confederadas tuviere diferencias con otra, las someterá al arbitraje de una de las otras ciudades que fuere de confianza a ambas partes, para juzgarlas y determinar amigablemente, según sus leyes y costumbres.»
De esta manera fue hecha la alianza entre los lacedemonios y los argivos, por medio de la cual todas las cuestiones que había entre estas dos ciudades cesaron y se extinguieron.
También acordaron no recibir embajada ni mensaje de los atenienses en una ciudad ni en otra sin que primeramente sacasen la gente de guerra que tenían en el Peloponeso y derrocasen los muros que habían hecho en Epidauro, prometiéndose no hacer paz ni guerra sino de común acuerdo.
Tenían los lacedemonios y argivos en proyecto muchas cosas, mas principalmente querían hacer una expedición a tierra de Tracia, y con tal motivo enviaron sus embajadores a Pérdicas, rey de Macedonia, para atraerle a su devoción y alianza; mas el rey no quiso, por lo pronto, comprometerse a ello ni apartarse de la amistad de los atenienses, aunque tenía gran respeto a los argivos por ser natural de Argos, y por esto pedía tiempo para decidirse.
Los lacedemonios y argivos revocaron el juramento que habían hecho con los calcídeos e hicieron otro nuevo, y pasado esto, enviaron sus embajadores a los atenienses para pedirles que derrocaran el muro que habían hecho en Epidauro.
Los atenienses, considerando que la gente de guarnición que habían dejado en Epidauro era muy poca en comparación de la que reunían los aliados para la defensa de la comarca, enviaron a su capitán Demóstenes para que sacase de allí las tropas de guarnición. Demóstenes, al llegar a Epidauro, fingió que quería hacer unos juegos y fiestas fuera de la ciudad, y con esto hizo salir la gente de todos los otros que allí estaban de guarnición. Cuando todos salieron cerroles las puertas, y después se juntó con los de la villa, renovó con ellos la alianza que tenían con los atenienses y les dejó el muro objeto de la cuestión.