Antes de esto, cerca de cien años después de establecerse allí, fundó la ciudad de Selinunte Pámilo, el cual, siendo echado de Mégara, que era su ciudad metrópoli, con los otros de su nación creó esta colonia.

La ciudad de Gela fue fundada y poblada por Antifemo, natural de Rodas, y Entimo, de Creta, según afirman todos comúnmente que trajeron cada cual de su tierra cierto número de pobladores con sus casas y familias, cerca de cuarenta y cinco años después que Siracusa se comenzó a habitar, y pusieron nombre de Gela a aquella ciudad a causa del río que pasa allí cerca, que es así llamado, y la edificaron donde antes estaba asentada una villa cercada de muros llamada Lindios.

Pasados ciento ocho años después, los de Gela, dejando su ciudad bien poblada por los dorios, fueron a habitar la ciudad que ahora se llama Acragas, al mando de Aristónoo y de Pístilo. La llamaron así de un río que pasa por ella que tiene este nombre, y establecieron el gobierno y estado de la ciudad según las leyes y costumbres de su tierra.

La ciudad de Zancle primeramente fue habitada por algunos corsarios que vinieron de la ciudad de Cumas, que está en la región de Ópica. Mas después, como aportase allí gran multitud de otros griegos, así de Calcis como de la tierra de Eubea, fue llamada Cumas, y venían por caudillos de estos griegos, Perieres, natural de Cumas, y Cratémenes, natural de Calcis. Llamábase antiguamente aquella ciudad Zancle, porque está asentada en figura de una hoz que los sicilianos en su lengua llaman zanclon. Estos de Zancle fueron después echados de su ciudad por los samios y por algunos otros jonios que, huyendo de la persecución de los medos, pasaron a Sicilia.

Poco después Anaxilas, que era señor de los de Regio, los lanzó de allí, pobló la ciudad de gentes de diversas naciones y la llamó Mesena[6], del nombre de la ciudad de donde él fue natural.

La ciudad de Hímera fue fundada por los zancleos, los cuales, al mando de Euclides, de Simo y de Sacón, la poblaron de cierto número de sus gentes. Poco tiempo después llegaron muchos calcídeos, y gran número de siracusanos, lanzados de su ciudad por los bandos contrarios, llamados milétidas, y por la mezcla de estas dos naciones se hizo un lenguaje compuesto de dos, a saber: la mitad calcídeo, y la mitad dorio; la manera de vivir fue según las leyes y costumbres de los calcídeos.

Las ciudades de Acras y de Cásmenas los siracusanos las fundaron y poblaron; Acras cerca de setenta años después que fue habitada Siracusa, y Cásmenas cerca de veinte años después de la fundación de Acras.

Unos ciento treinta y cinco años después de fundada Siracusa, los siracusanos fundaron y poblaron la ciudad de Camarina, capitaneados por Dascón y Menécolo; pero a muy poco tiempo, habiéndose los camarineos rebelado contra los siracusanos, sus fundadores, los expulsaron estos de la ciudad; y andando el tiempo, Hipócrates, señor de Gela, habiendo cogido prisioneros algunos siracusanos, consiguió por rescate de ellos esta ciudad de Camarina, que estaba desierta, y la pobló. Poco después fue otra vez destruida por Gelón: y a la postre reedificada y poblada por los de Gela.

Poblada y habitada la isla de Sicilia por tan diversas naciones de bárbaros y griegos, los atenienses intentaron invadirla, a la verdad, con intención y codicia de conquistarla, aunque lo hacían so color de dar socorro a los calcídeos, sus amigos y parientes, y especialmente a los egesteos, porque estos habían enviado embajadores a los atenienses, para demandarles socorro y ayuda, a causa de cierta diferencia que había entre ellos y los selinuntios por algunos casamientos, y también por los límites. Los selinuntios habían recurrido a los siracusanos, como a sus aliados y confederados, y estos impedían a los egesteos el paso por mar y tierra. Por ello los egesteos habían enviado a pedir socorro a los atenienses, trayéndoles a la memoria la amistad antigua y alianza que habían hecho en tiempo pasado con Laques, capitán de los atenienses en la guerra con los leontinos, rogándoles que les enviaran armada para socorrerles. Para más inducirles a ello, les exponían muchas razones, y la principal era, que si dejaban a los siracusanos realizar sus proyectos, después echarían de su tierra a los leontinos y a sus aliados, y por este medio serían señores de toda la isla, sucediendo después que los siracusanos, por ser descendientes de los dorios que están en el Peloponeso, y haber sido por ellos enviados a poblar Sicilia, acudirían en socorro de los peloponesios contra los atenienses, para disminuir y destruir su poder y señorío. Aconsejaban, pues, a los atenienses que para evitar aquellos inconvenientes, sería muy cuerdo enviar con tiempo socorro a los egesteos, sus aliados, y resistir al poder de los siracusanos. Para ello les ofrecían proveerles de todo el dinero que les fuese necesario para la guerra.

Estas amonestaciones de los egesteos, que hacían muy a menudo a los atenienses, expuestas al pueblo de Atenas, fueron causa de que este determinara enviar primeramente sus embajadores a Sicilia, para saber si los egesteos tenían tanto dinero para la guerra como ofrecían, y además para ver los aprestos de guerra que poseían e informarse del poder y fuerzas de los selinuntios, sus contrarios, y del estado en que se encontraban sus cosas, lo cual fue así hecho.