Al llegar Féax a Sicilia, con sus buenas razones ganó la voluntad de los de Camarina y Acragas; mas cuando se presentó a los de Gela, hallando las cosas en contraria disposición de lo que pensaba, no pasó más adelante, conociendo que no hacían nada por él, y se volvió navegando a lo largo de la isla de Sicilia, hablando de pasada con los de Catana y de Bricinias para amonestarles que siempre estuviesen firmes y constantes en la amistad a los atenienses.

Al ir, como al volver, trató con algunas ciudades de Italia para que no se confederasen e hiciesen alianza con los atenienses. Pasando por la costa de Sicilia, a la vuelta a su tierra, encontró en la mar algunos ciudadanos de Locros procedentes de Mesena, de donde fueron lanzados por los mesenios después de vivir algún tiempo en la ciudad. A causa de una sedición y revuelta que hubo en ella, poco tiempo después de la concordia hecha entre los sicilianos, el bando que se vio más débil, y con menos fuerzas llamó a los locros en su ayuda. Estos enviaron gran número de sus ciudadanos, y por este medio se hicieron señores de Mesena por algún tiempo con la ayuda de los que les habían llamado. Mas al fin fueron echados de la ciudad, y volvían a sus casas cuando Féax les encontró, el cual no les molestó, aunque pudiera, porque de pasada había hecho alianza con los de la ciudad de Locros en nombre de los atenienses, y a pesar de que en la concordia hecha entre los sicilianos, estos locros habían rehusado la alianza de los atenienses. Aun entonces no la aceptaran si no fuera por la guerra que a la sazón tenían contra los hiponios y medmeos, sus vecinos y comarcanos.

Pasado esto, a los pocos días Féax llegó a Atenas.

II.

Brásidas vence a Cleón y a los atenienses junto a Anfípolis, muriendo ambos caudillos en la batalla.

Partió Cleón de Torone, y dirigiose contra la ciudad de Anfípolis. De pasada, al salir del puerto de Eyón, tomó por asalto la villa de Estagira, en tierra de Andros[1], intentando además tomar a Galepso, en tierra de Tasos; mas no lo pudo conseguir, y volvió a Eyón.

Estando allí, envió a decir a Pérdicas que, conforme a la alianza que había hecho nuevamente con los atenienses, viniese luego hacia él con todo su poder, y asimismo avisó a Poles, rey de los odomantos, que tenía un grueso ejército de soldados en Tracia, para que viniesen en su ayuda, esperando la llegada de estos reyes en aquel lugar de Eyón.

Al saber todo esto Brásidas, partió con su ejército y se alojó junto a la villa de Cerdilio, que está en un lugar alto y fuerte, en tierra de los argilios, de la otra parte del río, no muy lejos de Anfípolis, porque de este lugar se podía muy bien ver lo que hacían sus enemigos, y ellos también lo que él hacía.

Cleón, como Brásidas lo había pensado, caminó con todo su campo derechamente hacia la ciudad de Anfípolis, haciendo muy poco caso de Brásidas, porque no tenía más de 1500 soldados tracios, y juntamente con ellos los edonios, todos muy bien armados, y algunos de a caballo, entre mircinios y calcídeos, sin los 1000 que había enviado dentro de Anfípolis, que podían ser en todos hasta 2000 hombres de a pie y 300 de a caballo, de los cuales tomó 1500, y con ellos subió a Cerdilio; los otros los envió dentro de Anfípolis para socorro de Cleáridas.

Volviendo a Cleón, digo que estuvo quieto, sin osar emprender ningún hecho, hasta tanto que fue forzado a salir por las mañas que después Brásidas tuvo. A los de Cleón no les gustaba estar allí esperando tanto tiempo sin pelear, teniendo a Cleón por hombre negligente y cobarde, y que sabía muy poco de las cosas de guerra en comparación de Brásidas, que le estimaban por hombre osado y buen capitán. Añadíase que los más de los atenienses habían ido con Cleón a esta empresa de mala gana y contra su voluntad, por todo lo cual, oyendo este la murmuración de los suyos, y porque no se enojasen perdiendo más tiempo allí, determinó sacarlos de aquel lugar, donde estaban todos puestos en un escuadrón, como habían estado en Pilos, esperando que les sucedería la cosa tan bien como allí; porque no podía pensar que los enemigos osarían venir a combatir contra él; antes decía que quería salir de su campo y subir a reconocer el lugar donde estaban aquellos.