Entretanto los siracusanos hacían todos los aprestos necesarios para la guerra, y los atenienses por su parte pasaban el invierno en Naxos, y desde allí tenían sus inteligencias por todas las vías y maneras que podían con la mayoría de las ciudades de Sicilia por atraerlas a su amistad y devoción.
Muchas de ellas, especialmente las que estaban en tierra llana, que eran súbditas de los siracusanos, se rebelaron contra ellos, y las otras ciudades libres y francas, que estaban más adentro, en tierra firme, se confederaron con los atenienses, y les enviaron socorro, unas de dinero, otras de gente y otras de vituallas.
De las ciudades que no lo quisieron hacer de grado, fueron algunas obligadas a ello por fuerza de armas, y a las otras prohibieron y estorbaron dar auxilio a los siracusanos.
Durante este invierno salieron de Naxos y volvieron los atenienses a Catana, donde rehicieron sus alojamientos y estancias en el mismo lugar que estaban antes, cuando los siracusanos las quemaron.
Estando aquí enviaron un buque con embajada a los cartagineses para hacer alianza con ellos si podían, y asimismo a las otras ciudades marítimas que están en la costa del mar Tirreno, de las cuales algunas se aliaron con ellos y les prometieron socorro y ayuda en aquella guerra contra los siracusanos.
Además mandaron a los egesteos y a los otros sus aliados de Sicilia que les enviasen toda la gente de a caballo que pudiesen, e hicieron gran provisión de madera, herramienta y otras cosas necesarias para construir un muro fuerte delante de la ciudad de Siracusa, la cual estaban decididos a sitiar inmediatamente después que pasase el invierno.
XVI.
Los lacedemonios, por consejo y persuasión de los corintios y de Alcibíades, prestan socorro a los siracusanos contra los atenienses.
Los embajadores que los siracusanos habían enviado a los lacedemonios, al pasar por la costa de Italia, trabajaron por persuadir las ciudades marítimas, y atraerlas a la devoción y alianza de los siracusanos, mostrándoles que si los propósitos de los atenienses se realizaban prósperamente en Sicilia les podría ocurrir después a ellos mucho daño.
Desde allí fueron a desembarcar a Corinto, donde presentaron su demanda al pueblo, que consistía en rogarles les dieran ayuda y socorro como a sus parientes y amigos. Se los otorgaron de buena gana, siendo en esto los primeros de todos los griegos, y nombraron embajadores que fuesen juntamente con ellos a los lacedemonios para persuadirles de que comenzaran la guerra de nuevo contra los atenienses, y también al mismo tiempo enviasen socorro a los siracusanos.