Aquella misma noche los capitanes atenienses pasaron revista a su gente. Al despuntar el día, partieron de Catana y fueron secretamente con todo su ejército a salir a un lugar llamado León, distante del arrabal de Epípolas siete estadios, y allí alojaron toda su infantería antes que los siracusanos lo pudiesen saber. Por otra parte, fueron con su armada a una península, llamada Tapso, que está a una legua corta de la ciudad, y cercada por todas partes de mar, excepto en un pequeño istmo. Cerraron luego la entrada de él para estar seguros de parte de tierra. Hecho esto, la infantería de los atenienses que estaba alojada en León, con gran ímpetu, fue a dar sobre Epípolas, y lo ganaron antes que los seiscientos hombres que los siracusanos habían señalado para la guarda de él pudiesen llegar, porque aún estaban en el lugar donde había sido la revista.

Sabido esto por los siracusanos, salieron del pueblo para socorrer el arrabal, que estaba cerca de veinticinco estadios de allí[11], y juntamente con ellos Diomilo con los seiscientos hombres que tenía a su cargo.

Al llegar donde estaban los enemigos, tuvieron una refriega con ellos, en la cual los siracusanos llevaron lo peor, siendo vencidos y dispersados, y muriendo cerca de trescientos, entre ellos Diomilo, su capitán; todos los otros fueron forzados a retirarse a la ciudad.

Al día siguiente los siracusanos, reconociendo la victoria a sus enemigos, les pidieron los muertos para enterrarlos, y los atenienses levantaron también allí un trofeo en señal de triunfo.

Al otro día de mañana salieron delante de la ciudad a presentar la batalla a los siracusanos; mas viendo que ninguno acudía, regresaron a su campo, y en la cumbre de Epípolas, en el lugar llamado Lábdalo, hicieron un atrincheramiento hacia la parte de Mégara para recoger su bagaje cuando saliesen hacia la ciudad, o para hacer alguna correría.

Poco tiempo después se les unieron trescientos hombres de a caballo que los egesteos les enviaban de socorro, y cerca de otros ciento de los de Naxos y otros sicilianos, además de los doscientos y cincuenta suyos, para los cuales ya habían adquirido caballos, así de los que les dieron los egesteos como de otros comprados por su dinero. De manera que tenían entre todos seiscientos cincuenta caballos.

Habiendo dejado gente de guarnición dentro de Lábdalo, partieron directamente contra la villa de Sica, la cual cercaron de muro en tan breve espacio de tiempo, que a los siracusanos asustó su gran diligencia, aunque por mostrar que no tenían temor alguno, salieron de la ciudad con intención de pelear con los enemigos; pero como sus capitanes los vieron marchar tan desordenados, comprendiendo que con grande dificultad los podrían ordenar, hicieron retirar a todos dentro de la ciudad, excepto una banda de gente de a caballo que dejaron para impedir y estorbar a los atenienses llevar la piedra y otros materiales para hacer el muro, y también para que recorriese el campo.

Pero los caballos de los atenienses con una banda de infantería les acometieron con tanto denuedo que les vencieron, y haciéndoles volver las espaldas mataron algunos. Por causa de este hecho de armas de la caballería levantaron otro trofeo en señal de victoria.

El día siguiente los atenienses, en su campo, unos trabajaban en labrar el muro a la parte del mediodía, otros traían piedra y otros materiales del lugar que llaman Trógilo, y lo venían a descargar todo en la parte donde el muro estaba más bajo del extremo del puerto grande hasta la otra parte de la mar.

Viendo esto los siracusanos acordaron no salir en adelante todos juntos contra los enemigos por no aventurarse a una derrota definitiva, sino hacer reparar un fuerte de fuera del muro de la ciudad, frente al muro que los atenienses labraban, porque les parecía que si hacían pronto su fuerte, antes que los enemigos pudiesen acabar dicho muro, los lanzarían fácilmente, y que, poniendo en él gente de guarda, podrían enviar una parte de su ejército a que tomase las entradas y después fortificarlas. Haciendo esto creían probable que los enemigos se apartasen de su obra para atacarles todos juntos.