Ciudades y pueblos que intervienen en la guerra de Sicilia, así de una parte como de otra.

Los atenienses, que son jonios de origen, habiendo emprendido la guerra contra los siracusanos, que son dorios, tuvieron en su ayuda a los que son de su misma lengua y viven y se rigen conforme a unas mismas leyes, a saber: los lemnios, los imbrios y los eginetas, es decir, los que al presente habitan la ciudad de Egina, los hestieos que viven en la ciudad de Hestiea en Eubea, y muchos otros aliados suyos, unos libres y otros tributarios, y de los súbditos y tributarios de tierra de Eubea.

Vinieron a esta guerra los eretrieos, los calcídeos, los estireos y los caristios desde Eubea. De los isleños los ceos, los andrios y los tenios, y de tierra de Jonia los milesios, los samios, los quiotas, entre los cuales los quiotas no estaban sujetos a tributo de dinero, ni a otra carga, sino solamente a abastecer naves.

Eran casi todos estos jonios, y del bando de los atenienses, excepto los caristios, que son dríopes, pero que por ser súbditos de los atenienses habían sido obligados a acudir a esta guerra contra los dorios. Fueron también los eolios, entre los cuales los metimneos no eran tributarios, sino solamente obligados a dar barcos. Los tenedios y los enios eran tributarios, siendo eolios como los beocios y fundados y poblados por ellos, a pesar de lo cual fueron no menos obligados en esta guerra a ir contra ellos y contra los siracusanos.

No hubo otros de los beocios, excepto los plateenses, por la enemistad capital que tenían con ellos, a causa de las injurias que les habían hecho.

También fueron los rodios, los citereos, que los unos y los otros son dorios de nación, aunque los citereos fueron poblados por los lacedemonios y, sin perjuicio de ello, dieron ayuda a los atenienses contra los lacedemonios que estaban con Gilipo.

De igual manera los rodios, que eran dorios de nación, como descendientes de los argivos, fueron contra los siracusanos, aunque fuesen dorios, y contra los de Gela, aunque eran poblados por ellos, por ser estos del partido de los siracusanos, aunque unos y otros lo hacían por fuerza.

De las islas que están en torno del Peloponeso, los cefalenios y los zacintos, los cuales, aunque eran libres, por ser isleños, se vieron obligados a seguir a los atenienses.

Aunque los corcirenses eran no solo dorios de nación, sino también corintios, pelearon contra los siracusanos de su nación y dorios como ellos, y contra los corintios, sus pobladores, así por la obligación que tenían con los atenienses, como por odio a los corintios.

También acudieron los de Naupacto y los de Pilos, que se nombraban mesenios, porque estos lugares entonces los poseían los atenienses. Y los desterrados de Mégara, aunque eran pocos en número, por ser enemigos de los otros megarenses que eran del bando de los selinuntios a causa del destierro.