por mi cuenta tomara vuestro agravio.

Lo que se puede hacer, de mi consejo,

es que los dos troquéis esos vestidos

por aquestos groseros; y encubiertos

os libraréis mejor, hasta que el cielo

a daros su favor, señor, comience;

porque la industria los trabajos vence.

Ruy.

¡Oh noble pecho, que entre paños bastos

descubres el valor mayor que he visto!