El Águila y el León Gran conferencia tuvieron Para arreglar entre sí Ciertos puntos de gobierno. Dió el Águila muchas quejas5 Del murciélago, diciendo: "¿Hasta cuándo este avechucho Nos ha de traer revueltos? Con mis pájaros se mezcla, Dándose por uno de ellos;10 Y alega varias razones, Sobre todo la del vuelo. Mas, si se le antoja, dice: Hocico, y no pico, tengo. ¿Cómo ave queréis tratarme?15 Pues cuadrúpedo me vuelvo. Con mis vasallos murmura De los brutos de tu imperio; Y cuando con éstos vive, Murmura también de aquéllos."20 "—Está bien, dijo el León: Yo te juro que en mis reinos No entre más."—"Pues en los míos, Respondió el Águila, menos." Desde entonces solitario25 Salir de noche le vemos; Pues ni alados, ni patudos, Quieren ya tal compañero. Murciélagos literarios, Que hacéis a pluma y a pelo,30 Si queréis vivir con todos, Miraos en este espejo.

FÁBULA XXVII

La Mona

(Hay trajes propios de algunas profesiones literarias, con los cuales aparentan muchos el talento que no tienen.)

Aunque se vista de seda La Mona, Mona se queda. El refrán lo dice así; Yo también lo diré aquí, Y con eso lo verán5 En fábula y en refrán. Un traje de colorines, Como el de los matachines, Cierta Mona se vistió; Aunque más bien creo yo10 Que su amo la vestiría, Porque difícil sería Que tela y sastre encontrase. El refrán lo dice: pase. Viéndose ya tan galana,15 Saltó por una ventana Al tejado de un vecino, Y de allí tomó el camino Para volverse a Tetuán. Esto no dice el refrán,20 Pero lo dice una historia De que apenas hay memoria, Por ser el autor muy raro (Y poner el hecho en claro No le habrá costado poco).25 Él no supo, ni tampoco He podido saber yo, Si la Mona se embarcó, O si rodeó tal vez Por el istmo de Suez:30 Lo que averiguado está Es que por fin llegó allá. Vióse la señora mía En la amable compañía De tanta mona desnuda;35 Y cada cual la saluda Como a un alto personaje, Admirándose del traje, Y suponiendo sería Mucha la sabiduría,40 Ingenio y tino mental Del petimetre animal. Opinan luego al instante, Y nemine discrepante, Que a la nueva compañera45 La dirección se confiera De cierta gran correría, Con que buscar se debía En aquel país tan vasto La provisión para el gasto50 De toda la mona tropa. (¡Lo que es tener buena ropa!) La directora, marchando Con las huestes de su mando, Perdió, no sólo el camino,55 Sino, lo que es más, el tino; Y sus necias compañeras Atravesaron laderas, Bosques, valles, cerros, llanos, Desiertos, ríos, pantanos;60 Y al cabo de la jornada Ninguna dió palotada; Y eso que en toda su vida Hicieron otra salida En que fuese el capitán65 Más tieso ni más galán. Por poco no queda mona A vida con la intentona; Y vieron por experiencia Que la ropa no da ciencia.70 Pero, sin ir a Tetuán, También acá se hallarán Monos que, aunque se vistan de estudiantes, Se han de quedar lo mismo que eran antes.

FÁBULA XXVIII

El Asno y su Amo

(Quien escribe para el público, y no escribe bien, no debe fundar su disculpa en el mal gusto del vulgo.)

"Siempre acostumbra hacer el vulgo necio De lo bueno y lo malo igual aprecio: Yo le doy lo peor, que es lo que alaba." De este modo sus yerros disculpaba Un escritor de farsas indecentes;5 Y un taimado poeta que lo oía, Le respondió en los términos siguientes: "Al humilde Jumento Su dueño daba paja, y le decía: Toma, pues que con eso estás contento.10 Díjolo tantas veces, que ya un día Se enfadó el Asno, y replicó: Yo tomo Lo que me quieres dar; pero, hombre injusto, ¿Piensas que sólo de la paja gusto? Dame grano, y verás si me lo como."15 Sepa quien para el público trabaja, Que tal vez a la plebe culpa en vano; Pues si en dándole paja, come paja, Siempre que la dan grano, come grano.