Pasando por un pueblo De la montaña, Dos caballeros mozos Buscan posada. De dos vecinos5 Reciben mil ofertas Los dos amigos. Porque a ninguno quieren Hacer desaire, En casa de uno y otro10 Van a hospedarse. De ambas mansiones Cada Huésped la suya A gusto escoge. La que el uno prefiere15 Tiene un gran patio Y bello frontispicio, Como un palacio: Sobre la puerta Su escudo de armas tiene,20 Hecho de piedra. La del otro la vista No era tan grande; Mas dentro no faltaba Donde alojarse;25 Como que había Piezas de muy buen temple, Claras y limpias. Pero el otro palacio Del frontispicio30 Era, además de estrecho, Obscuro y frío: Mucha portada, Y por dentro desvanes A teja vana.35 El que allí pasó un día Mal hospedado, Contaba al compañero El fuerte chasco; Pero él le dijo:40 "Otros chascos como ése Dan muchos libros."

FÁBULA XLI

El Té y la Salvia

(Algunos sólo aprecian la literatura extranjera, y no tienen la menor noticia de la de su nación.)

El Té, viniendo del imperio chino, Se encontró con la Salvia en el camino. Ella le dijo: "¿Adónde vas, compadre?" —"A Europa voy, comadre, Donde sé que me compran a buen precio."5 —"Yo (respondió la Salvia) voy a China, Que allá con sumo aprecio Me reciben por gusto y medicina.[4] En Europa me tratan de salvaje, Y jamás he podido hacer fortuna."10 —"Anda con Dios. No perderás el viaje, Pues no hay nación alguna Que a todo lo extranjero No dé con gusto aplausos y dinero." La Salvia me perdone,15 Que al comercio su máxima se opone. Si hablase del comercio literario, Yo no defendería lo contrario; Porque en él para algunos es un vicio Lo que es en general un beneficio;20 Y español que tal vez recitaría Quinientos versos de Boileau y el Taso, Puede ser que no sepa todavía En qué lengua los hizo Garcilaso.

FÁBULA XLII

El Gato, el Lagarto y el Grillo

(Por más ridículo que sea el estilo retumbante, siempre habrá necios que le aplaudan, sólo por la razón de que se quedan sin entenderle.)

Ello es que hay animales muy científicos En curarse con varios específicos, Y en conservar su construcción orgánica, Como hábiles que son en la botánica; Pues conocen las hierbas diuréticas,5 Catárticas, narcóticas, eméticas, Febrífugas, estípticas, prolíficas, Cefálicas también y sudoríficas. En esto era gran práctico y teórico Un Gato, pedantísimo retórico,10 Que hablaba en un estilo tan enfático Como el más estirado catedrático. Yendo a caza de plantas salutíferas, Dijo a un lagarto: "¡Qué ansias tan mortíferas! Quiero por mis turgencias semihidrópicas15 Chupar el zumo de hojas heliotrópicas." Atónito el Lagarto con lo exótico De todo aquel preámbulo estrambótico, No entendió más la frase macarrónica Que si le hablasen lengua babilónica.20 Pero notó que el charlatán ridículo De hojas de girasol llenó el ventrículo, Y le dijo: "Ya, en fin, señor hidrópico, He entendido lo que es zumo heliotrópico." ¡Y no es bueno que un Grillo, oyendo el diálogo, Aunque se fué en ayunas del catálogo26 De términos tan raros y magníficos, Hizo del Gato elogios honoríficos! Sí; que hay quien tiene la hinchazón por mérito, Y el hablar liso y llano por demérito.30 Mas ya que esos amantes de hiperbólicas Cláusulas y metáforas diabólicas De retumbantes voces el depósito Apuran, aunque salga un despropósito, Caiga sobre su estilo problemático35 Este apólogo esdrújulo-enigmático.

FÁBULA XLIII