FÁBULA LXVII

La Víbora y la Sanguijuela

(No confundamos la buena crítica con la mala.)

"Aunque las dos picamos (dijo un día La Víbora a la simple Sanguijuela), De tu boca reparo que se fía El hombre, y de la mía se recela." La Chupona responde: "Ya, querida;5 Mas no picamos de la misma suerte: Yo, si pico a un enfermo, le doy vida; Tú, picando al más sano, le das muerte." Vaya ahora de paso una advertencia: Muchos censuran, sí, lector benigno;10 Pero a fe que hay bastante diferencia De un censor útil a un censor maligno.

FÁBULA LXVIII

El Ricacho metido a Arquitecto

(Los que mezclan voces anticuadas con las de buen uso, para acreditarse de escribir bien el idioma, le escriben mal y se hacen ridículos.)

Cierto Ricacho, labrando una casa De arquitectura moderna y mezquina, Desenterró de una antigua ruína, Ya un capitel, ya un fragmento de basa, Aquí un adorno y allá una cornisa,5 Media pilastra y alguna repisa. Oyó decir que eran restos preciosos De la grandeza y del gusto romano, Y que arquitectos de juicio muy sano Con imitarlos se hacían famosos.10 Para adornar su infeliz edificio, En él a trechos los fué repartiendo. ¡Lindo pegote! ¡gracioso remiendo! Todos se ríen del tal frontispicio, Menos un quídam que tiene unos lejos15 Como de docto, y es tal su manía, Que desentierra vocablos añejos Para amasarlos con otros del día.

FÁBULA LXIX