desciñéndole la espada;

hácele la sepultura

con una pequeña daga;

sacábale el corazón,

como él se lo jurara,

para llevar a Belerma,

como él se lo mandara.

Vemos que Don Quijote punteaba mal en su memoria los versos; los romanceros afirman sólo que la pequeña daga sirvió para hacer la sepultura.

[521] Hartzenbusch corrigió sin necesidad: ni pequeña ni grande. La humorística contradicción de Montesinos, no para en desmentir el substantivo, sino que niega superfluamente el adjetivo. La aclaración de Montesinos es de gran substancia, si atendemos a que, como dice Covarrubias, la daga y el puñal «todo viene a ser una cosa». Sin embargo, bueno será distinguir: como la daga tiene filo, necesita guarnición y gavilanes para proteger la mano, cosa que el puñal no lleva, pues hiere sólo de punta.

[522] Buído no era voz muy usual; no sabía Covarrubias, coetáneo de Cervantes, lo que quería decir. Significaba, probablemente, hoja con la punta estriada en tres canales: la punta buída de las espadas estaba prohibida, como más dañosa, por las pragmáticas reales del tiempo de Cervantes.